—Callar, bocas....

—«... los arrestó por tan enorme delito...»

—¿Por entrar en un café?

—¡Y dicen que hay libertá!

—¡Qué ha de haberla, mujer!

—«Y preguntándoles la causa de su entrada en el local, le respondieron que su objeto era tomar café. No obstante tan naturales explicaciones, fueron arrestados por tres días, y hasta no faltan personas bien informadas que aseguren se ha dado orden para que los individuos del benemérito cuerpo no puedan entrar en los cafés de la Aurora ni del Norte. De ser esto cierto, sobre constituir un ataque infundado a los sagrados derechos individuales, lo es también a la industria libre y honrosa de los cafeteros, y...»

—¡Y le resobra la razón, así Dios me salve! ¿Y de qué come el pobre del cafetero si le espantan la parroquia?

—El pillo del oficial, como tiene su paga....

—«... y no encontramos frases suficientes para anatematizar estos atropellos, hoy que la bandera de la libertad nos da sombra con sus pliegues...»

—¡Eso, eso!