—¡Venga de ahí!
—¡Esa es la fija! Y a mí que no me digan....
—¿Pues no estamos viendo, mujer, que hay empleados de los tiempos del espotismo? ¿Se mudó, por si acaso, la oficialidá de los regimientos? Si a hablar fuésemos....
Y la arenga bajó de tono y se hizo cuchicheo.
—¡Si a hablar va uno... aquí mismo... repelo! ¡Mudaron el jefe, por plataforma... sólo faltaba! Pero los subalternos....
Aquí, la maestra del partido, mujer alta y morena, de pocas y dificultosas palabras, que solía oír a las operarias con seria indiferencia, intervino.
—A tratar cada uno de lo que importa... y a liar cigarritos....
—No decimos cosa mala...—alegó Amparo.
—Decir no dirás, pero hablar hablas sin saber lo que hablas.... Pensáis que no hay más que mudar y mudar y meter pillos.... Aquí se requiere honradez.
—Eso ya se sabe.