—¡Ay... yo no! Qué ridiculez, ¿eh, Sobrado? Yo no entiendo de eso.
—¿No tiene usted opiniones, polla?
—No... es decir, no me gustan los alborotos; ¡cuando hay trifulca el teatro está tan soso!... Ni queda humor para vestirse y salir.
—Vamos, usted debe tener sus preferencias.... ¿Será usted carlista?
—¡Ay, no!... ¡La Inquisición me da un miedo!...—dijo riendo.
—¿Republicana?
—¡Qué horror! ¡Cosa más cursi...!
—Moderada, ea. Es usted moderada, de fijo.
—Tal vez, tal vez, algo moderada.... La pobre Reina me da mucha lástima.
—Bueno, ahora ya sé que es usted moderada y lo voy a divulgar por ahí para que la prendan a usted por conspiradora.