—¿Y qué tal, predican bien?

—¡Dicen cosas... que se le hace a uno agua la boca de oírlas! Quisiera yo que estuviesen allí los que creen que la federal trae desgracias y belenes. El viejo no habló sino de que ya no había tiranía... de que todo se iba a arreglar con moralidad y atención... de que nos quisiésemos mucho los republicanos, porque ya todo ha de ser concordia entre los hombres.

—Tú tienes un memorión.... A mí se me iría el santo al cielo. Mi memoria es de gallo. Y el otro, ¿qué dijo?

—El otro, el otro... el otro habla despacio, pero echa unos términos, que a veces cuesta caro entenderlo.... Predicó mucho de nuestros derechos y del trabajo, y de lo que representa esta Unión del Norte... y de que las clases trabajadoras, si se unen, pueden con las demás.... Habían de venir allí arrastrados de las orejas los que piensan que los republicanos dicen cosas malas. No señor, allí se cantaba clarito lo que somos, paz, libertad, trabajo, honradez y la cara y las manos muy limpias.

—Dime una cosa, mujer.

—Más que sean dos.

—¿Y qué significa eso de república federal?

—Significa... ¿qué ha de significar, repelo? Lo que predicaron esos.

—Pero no me hice bien de cargo.... ¿Qué más tiene eso que el gobierno que hay ahora?

—Tiene, tiene, tiene... tiene que Madrí no se nos monte encima, y que haya honradez, paz, libertá, trabajo....