—El gordo es un inguilis.
—¡Ay Jesús; parece que le pintaron la barba con azafrán!
—¿Y aquello qué es? ¡Madre mía de la Guardia!; un anteojo en un ojo solo, y colgado en el aire; ¡mira, mira!
—Callar, que vienen para acá.
—Vienen aquí en derechura.
—No, mujer.
—¡Dale! Vienen y vienen. ¿Te convences, porfiosa?
—Es que les gustaste tú.
—No, tú. El del azafrán viene a casarse contigo.
—Pues a ti te mira mucho el clérigo mal comparado.