—¿Si no los tenía, los habrá pedido?
—¡Catá! Los ha pedido a su suegro de Santiago; y como el suegro de Santiago no tiene tampoco una peseta disponible, como usted me enseña... héteme aquí que se los ha dado el suegro de los Pazos.
—¿Se le cuentan dos suegros a ese candidato carlista?—preguntó el gobernador, que a su pesar se divertía con los chismes del secretario.
—No será el primero, como usted me enseña—dijo Trampeta riéndose de la chuscada—. Ya entiende por quién hablo.... ¿eh?
—¡Ah!, sí, la muchacha ésa que vivía en la casa antes de que Moscoso se casase, y de la cual tiene un hijo.... Ya ve usted cómo me acuerdo.
—El hijo... el hijo será de quien Dios disponga, señor gobernador.... Su madre lo sabrá..., si es que lo sabe.
—Bien, eso para la elección importa un rábano.... Al grano: los recursos de que Moscoso dispone....
—Pues se los ha facilitado el mayordomo, el Primitivo, el suegro de cultis.... Y usted me preguntará: ¿cómo un infeliz mayordomo tiene miles de duros? Y yo respondo: prestando a réditos del ocho por ciento al mes, y más los años de hambre, y metiendo miedo a todo el mundo para que le paguen bien y no le nieguen una miserable deuda de un duro...—Y usted dirá: ¿de dónde saca ese Primitivo o ese ladrón el dinero para prestar?—Y yo replico: del bolsillo de su mismo amo, robándole en la venta del fruto, dándolo a un precio y abonándoselo a otro, engañándole en la administración y en los arriendos, pegándosela, como usted me enseña, por activa y por pasiva...—Y usted dirá....
Este modo dialogado era un recurso de la oratoria trampetil, del cual echaba mano cuando quería persuadir al auditorio. El gobernador le interrumpió:
—Con permiso de usted lo diré yo mismo. ¿Qué cuenta le tiene a ese galopín prestarle a su amo los miles de duros que tan trabajosamente le ha cogido?