—¡Ah!, ¡esta tarde estaba usted de tan buen humor!

—¿Y usted?

—El calor me agobiaba. Nuestra casa de León es muy fresca: yo soy mucho más sensible al calor que al frío.

—Habrá usted tomado con gusto el lavatorio y las palanganas.... Parece que se revive, al lavarse después de un viaje.

—Sí, pero...—Lucía se interrumpió—. Me faltaba una cosa muy esencial.

—¿Qué cosa? Colonia, de fijo.... ¡yo me olvidé de traerla a usted mi neceser!

—No, señor... el baúl, donde viene la ropa blanca.... No pude mudarme.

Artegui se levantó.

—¿Por qué no lo dijo usted antes?, ¡justamente estamos en el pueblo donde se equipan las novias españolas! Vuelvo pronto.

—Pero.... ¿adónde va usted?