Por su situación; por el espesor de sus bóvedas; por los machones que de trecho en trecho sostienen el terreno donde la fábrica se asienta; por el carácter agrio, seco, realmente militar de la fachada; por las aspilleras que sustituyendo a los ventanales hay en sus muros, es indudable que esta ermita del Cristo fué uno de los templos-fortalezas que, como Santa María de Suso, de Vitoria, y alguno más, fundara el rey D. Sancho, el Sabio, de Navarra.
Da cierta autoridad a estas conjeturas el examen de la portada, magnífico, soberbio ejemplar románico, donde el viejo estilo español se manifiesta en toda su elegante severidad. Las columnas son bajas—seis a cada lado—y descansan sobre cenefas de sillería, y los capiteles, que forman como un tercio de los fustes, están labrados de hojas, vástagos, canes y baquetones de rara y característica labor.
Los arcos desenvuelven severamente su curva románica, en toda su pureza española, sin el menor adorno ni el más ligero rastro de ajeno estilo. ([Lám. 66.])
La portada, por consiguiente, es un rarísimo y purísimo ejemplar románico. El interior del templo no es menos característico, con su bóveda baja, sus machones recios, su aspecto lóbrego y sombrío de calabozo o de catacumba. En la sacristía se atesoraban numerosos y valiosos objetos artísticos, que desaparecieron cuando la ermita fué saqueada en la primera guerra civil.
IGLESIA PARROQUIAL.
Está situada en el centro de la villa, en uno de los frentes de la plaza Mayor.
Su fábrica es de piedra de sillería y su estilo característico de fines del siglo XVII y principios del XVIII, mezcla el grecorromano con el dórico en forma de agradable ornamentación.
La portada, flanqueada por dos columnas embutidas que se elevan hasta el tejado, forma un arco de altísima cimbra que deja tres zonas o cuerpos. La del piso bajo o entrada al templo, tiene dos puertas divididas por un machón, completamente desprovistas de adorno. Sobre las puertas corre una barandilla que separa a este cuerpo bajo del piso principal, donde se ostenta una estatua de Nuestra Señora, encuadrada por columnitas dóricas.
El tercer cuerpo, rematado por el arco, no tiene más adorno que una ventana, guarnecida de un frontis liso.