Donada por D. Ángel León Lores. Es de piedra caliza, de 0,75 por 0,56, con hermosos caracteres del siglo I.

Se halló en Assa, a ocho kilómetros de Laguardia, en la frontera de Navarra. Estuvo en la derruída ermita de Santa María, de donde fué llevada a la llamada «Casa del monte», y de allí al Museo de Vitoria, donde se conserva.

A la cabeza de la lápida, en una extensión de 45 centímetros, obsérvanse vestigios de dos sencillas grecas, entre las cuales, rebajada a cincel, hay una faja, donde acaso esculpió el cuadratario las siglas D. M.

La lectura de las tres primeras lineas se hace sin gran dificultad. La laguna del último renglón la llenó felizmente el Sr. Baráibar, siendo aceptada por el P. Fita y por Hübner, según consta en el Boletín de la Academia.

La inscripción, conjeturalmente complementada, dice así:

d.
a VRELLÆ
æ . FLACCI
CLO/. F. AN
h s. e. flaccVS
h. m. f. c.
m.
BOVTI
ATTESV
XXX
PAT

D(is) M(anibus) Aureliæ Bouti(æ) Flacci Attesuclo f(ilia) an(norum) XXX h(ic) s(ita) e(st). (Flacc)us pa(ter) h(oc) m(onumentum) f(aciendum) c(uravit).

(A los manes de Aurelia Boucia, hija de Flaco Atesuelo, de treinta años de edad. Aquí yace. Su padre Flaco cuidó de que se le hiciese este sepulcro.)

Tales son las reliquias que Álava conserva de la dominación romana en el Museo que tan diligentemente ha formado el Sr. Baráibar. Ni en nuestras excursiones por casi todo el territorio, ni en las detenidas pesquisas que a través de una extensa bibliografía llevamos hechas, nos fué posible encontrar más. Después de todo, esta misma escasez de monumentos romanos viene a corroborar los autorizados juicios del señor Amador de los Ríos sobre que los romanos «no pudieron dejar claras e inequívocas reliquias de su grandeza allí donde no les fué posible asentar su planta vencedora ni hacer su dominación respetable y duradera», y a justificar en cierto modo la observación de Tito Livio, que nos sirvió de orientación y lema.