»En el primero, bajo el arco apuntado que señala el intercolumnio, y al lado del Evangelio, existe el sepulcro de D. Pedro Martínez; en el segundo, ya tocando el retablo mayor, se halla el de su hijo D. Diego.
»Compónese el sepulcro de D. Pedro de un lecho mortuorio, cuyo perfil apenas puede gozarse, de borroso que está, y de la estatua yacente del capitán insigne, cubierta de una completa armadura y sobre ella una túnica o dalmática; apoya su cabeza en un rico almohadón, ostentando en la diestra la espada o montante (de que sólo se ha conservado la empuñadura, que es preciosa) y dibujados de resalto sobre el pecho los escudos de armas de su familia y de su esposa, doña María Díaz de Esquivel.
»A los pies y sobre el lado derecho, siguiendo la antigua usanza, mírase recostado un pequeño perro, el cual luce un collar elegante con los escudos de la Casa. En el frente del expresado lecho se ve grabada una leyenda castellana, que consagra la memoria del guerrero, declarando que pasó de esta vida «a XX de Enero de MDXXX».
»A esto se reduce, en suma, el monumento sepulcral de D. Pedro Martínez de Álava. La proporción general de la estatua, el exquisito modelado de la cabeza y manos, el gusto de la ejecución en armas y túnica y el acabamiento y gracia de todos los pormenores, lo elevan, sin embargo, a la categoría de una de las más preciosas joyas que durante la primera mitad del siglo XVI tributaron las artes italianas al Imperio de Carlos V.
»En un nicho, cerrado por sencillos balaustres de hierro y próximo al altar mayor, cual ya indicamos, guárdanse los restos mortales del obispo D. Diego de Álava y Esquivel; y sobre el mencionado nicho, bajo un arco redondo de sillería, contémplase el ya indicado sepulcro.
»Fórmase, como el de D. Pedro, de una cama o lecho funerario, y de la estatua yacente del Prelado, vestido de pontifical. Mucha es la belleza de este monumento, donde pareció el estatuario apurar así las grandes máximas del arte, como las galas de ejecución, y no faltará alguno que, pagado del noble partido de los paños y demás ventajas del hábito talar, prefiera la estatua del Obispo a la del guerrero. Nosotros nos inclinamos, sin embargo, a esta última, por representar más inmediata y genuinamente los buenos tiempos de la escuela florentina.
»Una y otra fueron fundidas en Italia; la de D. Pedro antes de 1540; la de D. Diego, después de 1526, en que el Obispo fallece; pues según expresa el epígrafe latino que exorna el sepulcro, fué costeada por su sobrino y homónimo. De todos modos son las más notables estatuas del siglo XVI que hemos visto en el país vasco.
»Entre los varios monumentos mortuorios que además de los dos citados hemos dicho que hay en San Pedro, también merece mencionarse la estatua de mármol que se ve en la segunda nave.
»Representa a un guerrero tendido en lecho funeral y cubierto todo de armas, las cuales aparecen enriquecidas por bellos y gallardos relieves y pertenecen a la mitad del siglo XVI.»
CONVENTO DE SAN FRANCISCO