»Elévanse, en efecto, en la intersección sobre característico basamento ocho columnas dispuestas de dos en dos y coronadas de grandes y tallados capiteles de follajes, aves y cuadrúpedos, hasta recibir una imposta general de falso ajedrezado; y no cabe dudar que toda esta obra es fruto, y muy apreciable, del último desarrollo en que el estilo románico desplegó cierta grandeza y magnificencia. ([Lám. 24.])

»De allí en adelante, nada armoniza ya con esta construcción, incluso el coro, exornado de columnas pareadas y de capiteles que parecen pugnar por asociársele.»

La iglesia, tal como hoy existe, ofrece huellas, signos, pruebas indudables de dos construcciones diferentes, correspondiente cada cual á un diverso estilo. Por si ello no bastase, el Sr. Amador de los Ríos, en unión de alaveses tan ilustres como D. Sotero Manteli, D. Ricardo Becerro de Bengoa, D. Cristóbal Vidal, D. Obdulio Perea y otros, investigó personalmente sobre las bóvedas del cuerpo de la iglesia y del crucero.

Sus hipótesis fueron confirmadas. La armadura total que cubre al exterior la fábrica no era la de la antigua media naranja, ni la del cuerpo de la basílica en restauración por D. Rodrigo de Cascante; el muro sobre que había estribado el primitivo cerramiento de la iglesia, alzábase más de dos metros sobre las bóvedas ojivales; y sobre la central del crucero se levantaban por completo los cuatro tímpanos, que recibieron un día el anillo del «domo». También en las enjutas se apoyaban los cuatro evangelistas simbólicos, cuyas estatuas tocaban con sus cabezas el mencionado anillo, haciendo, por tanto, el oficio de las trompas sobre las cuales descansaban, como se sabe, las más antiguas construcciones de este género.

LOS EVANGELISTAS.

Constituyen el tetramorfo más interesante de las iglesias románicas, y como los evangelistas de los frescos de San Isidoro, de León, ostentan cada uno la cabeza nimbada del animal cuya propiedad simbolizan.

San Juan está representado por un águila, símbolo del arrebatado y majestuoso vuelo de su lenguaje; San Marcos, por un toro, que representa la fortaleza indomable del estilo; San Mateo, por un ángel, que personifica su candidez encantadora, y San Lucas, por un león, que retrata su generosa energía. (Láminas 25 y 26.)

LOS DOS ESTILOS.

Del minucioso examen realizado por Amador de los Ríos, primero, y después por Díaz de Arcaya, por Baráibar y por el arquitecto diocesano Sr. Iñíguez de Betolaza, resulta comprobado hasta la evidencia que la actual basílica se compone de dos cuerpos, correspondientes cada cual a un estilo característico e inconfundible.

El primer cuerpo o zona de la construcción es románico, y el segundo cuerpo y las bóvedas, de estilo ojival. Y la razón de que las bóvedas y el crucero, siendo ojivales, tengan tan poco desarrollo, está bien apuntada por Amador de los Ríos. «Concibiérase—escribe,—concibiérase en verdad holgadamente, siguiendo las leyes de su respectivo desarrollo, una basílica románica dentro de un templo ojival; pero un templo ojival dentro de una basílica románica, ni se concibe sin una dolorosa historia de guerras con otras diócesis, como la de Armentia con Calahorra, ni se contempla sin la fatiga que produce en el ánimo de todo ilustrado espectador, la iglesia de San Andrés, sucesora de la antigua Catedral alavense.»