La ventana sustituyó sin duda a los característicos rosetones de que hacían gala los templos románicos, y por las proporciones de su abertura cree Amador de los Ríos que cuando se trazó «no se cubría ya aquel espacio con láminas de yeso ni con otras cristalizaciones naturales».
El tercer cuerpo es la espadaña o campanario, que se componía de tres arcos; pero que por haber destruído el central una centella, quedaron reducidos a dos. No ofrece el menor particular, ni por los arcos, ni por las campanas.
El muro que forma en toda su extensión el cuerpo de la iglesia mostrábase enteramente liso y únicamente animaban su tejaroz algunos modillones y canecillos semejantes a los de Armentia.
LOS ÁBSIDES.
Son tres, y corresponden a la fachada de Levante. Semejantes a los de Armentia, presentan la disposición, decorado y formas generales de esta clase de cerramientos en las basílicas románicas de tres naves, construídas durante el siglo XII; mas abiertos los arcos de las fenestras, que daban templada luz al santuario, parecen indicar, según observaciones de Amador de los Ríos, que «se acercaba el momento en que la aplicación del vidrio iba a transformar aquellas construcciones impulsando el desenvolvimiento de un nuevo y más grandioso estilo arquitectónico». ([Lám. 31.])
INTERIOR DEL TEMPLO.
No tiene, como la de Armentia, pórtico. Entre la puerta ya descrita y el interior del templo, hay un recinto, como de dos varas en cuadro, de paredes lisas, cerrado por puertas de madera, lisas también.