Tiene en la actualidad unos 140 edificios y cerca de 700 habitantes. Su parroquia, dedicada a San Blas, es de entrada, y pertenece al arciprestazgo que da nombre a la villa; además tiene las ermitas de Nuestra Señora de Ayala, de San Miguel de Henayo, de Nuestra Señora de Larraza, de San Julián, de San Pedro Larraz y de San Martín, y un convento de religiosas clarisas, cuya fundación data de 1581.
RUINAS DE LA FORTIFICACIÓN.
En un cerrete próximo a la iglesia de San Blas quedan aún vestigios del recinto amurallado que, flanqueado por cuatro grandes cubos en los ángulos, y por otros cuatro menores en los centros, defendía a la villa de las incursiones enemigas.
Notabilísima era esta obra de fortificación, pues la base de circunferencia de los cubos grandes llegaba a 37 metros, y la de los pequeños a ocho. De cubo a cubo había siete metros de distancia, y el perímetro de la fortificación alcanzaba 124. Había 15 troneras con emplazamiento para la artillería gruesa, y el recinto tenía tres puertas empotradas en el murallón.
HISTORIA
Se ve, pues, que la villa alcanzó tiempos memorables y que su historia es digna de recordación.
En la antigüedad Alegría se llamó Dulanci, y por sus cercanías pasó la famosa Vía romana de Astorga a Burdeos, registrada en el Itinerario de Antonino.
En diferentes excavaciones se han encontrado monedas de Augusto y de Tiberio, y alguna lápida.
Por privilegio que otorgó en Sevilla D. Alfonso XI, dado a 20 de octubre de 1375, se decía: