Tanto el citado Sr. Apraiz, como D. Federico Baráibar, la diputan por una verdadera joya. Y el ilustre arquitecto D. Vicente de Lampérez, que tan sabia y prolijamente la describió, también proclama las bellezas características de su pórtico.

Por la parte del Mediodía, entre un verde pretil de rosales y los penachos de ramaje de algún árbol, blanquea la gentil arcada de su pórtico.

Forma el pórtico como el primer cuerpo de la fábrica y está adosado a ella, más bajo, y recubierto de un tejado sin cornisa, ni canecillos, ni impostas de ninguna especie. ([Lám. 35.])

Tres arcos de elegante y severa faz, apuntados ligeramente en ojiva dos de ellos, y el tercero, desarrollado en la natural curva románica, prestan su luz al pórtico de la ermita. Los dos de los extremos, tapiados en su base por gruesos muros, ostentan verjas de barrotes primitivos; el arco central tiene tres escalones que dan acceso al interior del pórtico.

Los pilares de tan severa arcada forman un haz macizo de columnas sencillas, rematadas en capiteles muy de la época, y el tono general de la fachada, por la disposición de sus elementos y el orden primitivo de la sillería, es de un carácter sorprendente.

El interior del pórtico (lám. 36) ofrece las bellezas de sus tres arcos y la adustez de sus paredes lisas. El lienzo que es frontero de la arcada nos presenta la puerta del Santuario (lám. 37), enriquecida con cinco órdenes de columnas que descansan en basamentos de rica talla y terminan en capiteles de un ajedrezado purísimo.

El interior del templo ofrece ya, en el desarrollo de sus columnas y en la resolución de sus bóvedas, la influencia ojival. La nave donde, en un altar de talla relativamente moderna está Nuestra Señora de Ayala, no conserva apenas carácter románico. ([Lám. 38.])

En el ábside semicircular (lám. 39) abre una ventana de arco muy abocinado y ojival.

Cuanto a la imagen, por su expresión, pintado y talla, parece una escultura del siglo XV.