—¿Habéis observado que el de detrás mueve cuanto toca? Los pies de los muertos no suelen hacer eso.
Y mi buen Maestro, que estaba ya junto a él, y le llegaba al pecho, donde las dos naturalezas se unen, repuso:
—Está en efecto vivo, y yo sólo debo enseñarle el sombrío valle: viene a él por necesidad, y no por distracción. La que me ha encomendado este nuevo oficio, ha cesado por un momento de cantar "aleluya." No es él un ladrón, ni yo un alma criminal. Pero por aquella virtud que dirige mis pasos en un camino tan salvaje, cédeme uno de los tuyos para que nos acompañe, que nos indique un punto vadeable y lleve a éste sobre sus ancas, pues no es espíritu que vaya por el aire.
Quirón se volvió hacia la derecha, y dijo a Neso:
—Vé, guíales; y si tropiezan con algún grupo de los nuestros, haz que les abran paso.
Nos pusimos en marcha, tan fielmente escoltados, hacia lo largo de las orillas de aquella roja espuma, donde lanzaban horribles gritos los ahogados. Los vi sumergidos hasta las cejas, por lo que el gran Centauro dijo:
—Esos son los tiranos, que vivieron de sangre y de rapiña. Aquí se lloran las desapiadadas culpas: aquí está Alejandro, y el feroz Dionisio, que tantos años de dolor hizo sufrir a la Sicilia. Aquella frente que tiene el cabello tan negro es la de Azzolino, y la otra que lo tiene rubio es la de Obezzo de Este, que verdaderamente fué asesinado en el mundo por su hijastro.
Entonces me volví hacia el Poeta, el cual me dijo:
—Sea éste ahora tu primer guía; yo seré el segundo.
Algo más lejos se detuvo el Centauro sobre unos condenados, que parecían sacar fuera de aquel hervidero su cabeza hasta la garganta, y nos mostró una sombra que estaba separada de las demás, diciendo: