Estaba el marqués de Velez en el rio de Almería entretenido con parte de la gente del reino de Murcia; y la demás era vuelta, como es costumbre, rica de la ganancia: esperaba órden del rey si tornaria á la tierra de Cartagena, que confina con el reino de Granada por el rio de Mojacar, que los antiguos llamaban Murgis; ampararia la tierra del rey, y la suya vecina á la mar; defenderia que los moros del reino de Granada no pasasen por aquella parte á desasosegar los del reino de Valencia; recelado y cuasi cierto peligro en la primera ocasion de pérdida nuestra importante: y convenia (ocupado el marqués de Mondejar en las Guajaras) atajar el fuego de las espaldas. No habia en pie armas tan cerca como estas, solicitadas por el presidente de Granada, mas despues con aprobacion del rey.
Los que igualmente juzgaban lo bueno que lo malo, atribuían á pasion esta diligencia, por excluir ó dar compañero al marqués de Mondejar; pero las personas libres, á buena provision y en conveniente conyuntura. Movióse el marqués de Velez con tres mil infantes y trescientos caballos contra los enemigos, que le esperaban á la subida de la montaña en un paso áspero y dificultoso: combatiólos y rompiólos no sin dificultad; donde se mostró por su persona buen caballero. Mas los enemigos recogiéndose á Ohañez estuvieron á la defensa. Acometiólos con pocas armas, y rompiólos segunda vez; murieron cuasi doscientos hombres con Tahalí su capitan, y en la entrada muchas mujeres; de los nuestros algunos: salváronse de los moros por las espaldas del lugar la mayor parte que estaba á la defensa sin ser seguidos; y pudieran, si algun capitan plático los gobernara, hacer daño á los nuestros embebecidos y cargados con el saco. Fue grande la importancia del hecho por la ocasion. Á las gradas de la iglesia halló el marqués cortadas veinte cabezas de doncellas, los cabellos tendidos, puestas por órden, que los de aquella tierra cuando el rio de Almería se rebeló, en una junta que tuvieron en Guecija, prometieron sacrificar juntamente con veinte sacerdotes adoradores de los ídolos (que tal nombre dan á las imágenes); porque Dios y su profeta Mahoma los ayudase. Poco antes que el marqués entrase habian degollado las doncellas: los sacerdotes hicieron mayor defensa; mas con quemar veinte frailes ahogados en aceite hirviendo, pagaron el voto en la misma Guecija. ¡Cruel y abominable religion, aplacar á Dios con vida y sangre inocente; pero usada dende los tiempos antiguos en África, traida de Tiro, introducida en la ciudad de Cartago por Dido su fundadora: tan guardada hasta nuestros tiempos entre los moradores de aquella region, que es fama que en la gran empresa que el emperador D. Cárlos, vencedor de muchas gentes, hizo contra Barbarroja, tirano de Túnez, sacrificaron los moros del cabo de Cartago cinco niños cristianos al tiempo que descubrieron nuestra armada, á reverencia de cinco lugares que tienen en el alcoran, donde se inclinan porque Dios los ampare y defienda en los peligros! El marqués, habido este suceso en su favor, se recogió con la gente que con él quiso quedar en Terque, lugar del rio de Almería, corriendo por la tierra.
Las cosas de Granada estaban en el estado que tengo dicho. El rey habia enviado á D. Antonio de Luna, hijo de D. Álvaro de Luna, y á D. Juan de Mendoza, hombres de gran linaje, pláticos en la guerra, que habian tenido cargos, y dado buena cuenta de ellos, para que asistiesen con el conde de Tendilla como consejeros, estando á la órden que él les diese en ausencia del marqués su padre; avisando al conde de la provision con palabras blandas y comedidas; para que con ellos pudiese descargar parte del trabajo. Puso el conde á D. Juan dentro en la ciudad con la infantería cuyas armas habia profesado; y á D. Antonio á la guarda de la Vega con doscientos caballos y parte tambien de la infantería.
Llegado el marqués de Mondejar á Orgiba continuando su propósito, ocupóse en recibir pueblos y gente, que sin condicion venian á rendirse con las armas; y en perseguir las sobras del campo de Aben Humeya, su persona, parientes y allegados, que eran muchos, y con él andaban huidos por las montañas. Estaba aun Valor, el alto, por rendirse, pero sosegado; adonde tuvo aviso que Aben Humeya se recogia con treinta hombres en las casas de su padre, y en Mecina su tio Aben Jauhar. Envió dos compañías de infantería que no los hallando se tornaron con haber saqueado á Valor y Mecina, mas á los de Mecina que estaban con salvaguardia, mandó volver la ropa y cautivos dende á poco. Fue tambien avisado que en el mismo lugar se escondia Aben Humeya con ocho personas, y envió dos escuadras con sendos adalides pláticos de la tierra con órden que vivo ó muerto le hubiesen á las manos. Llaman adalides en lengua castellana á las guias y cabezas de gente del campo, que entran á correr tierra de enemigos; y á la gente llamaban almogávares: antiguamente fue calificado el cargo de adalides; elegíanlos sus almogávares; saludábanlos por su nombre levantándolos en alto de pies en un escudo: por el rastro conocen las pisadas de cualquiera fiera ó persona, y con tanta presteza que no se detienen á conjeturar; resolviendo por señales, á juicio de quien las mira livianas, mas al suyo tan ciertas, que cuando han encontrado con lo que buscan, parece maravilla ó envahimiento. No hallaron en Valor, el alto, rastro de Aben Humeya, pero en el bajo oyeron chasquido de jugar á la ballesta, músicas, canto y regocijo de tanta gente, que no la osando acometer se tornaron á dar aviso. Envió dos capitanes, Antonio de Ávila y Álvaro de Flores, con trescientos arcabuceros escogidos entre la gente que á la sazon habia quedado, que era poca, porque con la ganancia de los Guajaras, y con tener por acabada la guerra se habian ido á sus casas, hombres levantados sin pagas, sin el son de la caja, concejiles; que tienen el robo por sueldo, y la codicia por superior. Fueron con estos trescientos, otros mas de quinientos aventureros y mochileros á hurto, sin que guarda ó diligencia pudiese estorballo. Llevaron los capitanes órden de palabra, que tomasen y atajasen los caminos, cercasen el lugar, y sin que la gente entrase dentro, llamasen los regidores y principales; requiriésenlos que entregasen Aben Humeya que se llamaba rey; y en caso que se excusasen, con personas deputadas por ellos mismos y por los capitanes, le buscasen por las casas; y no pareciendo trajesen los regidores presos ante el marqués, sin hacer otro daño en el lugar. Partiendo con esta resolucion, y antes que llegasen á Valor, donde se descubre la punta de Castil de Ferro, los alcanzó Ampuero, capitan de campaña, y les dió la misma órden por escrito; añadiendo que si gente de salvaguardia ó de Valor, el alto, la hallasen en el bajo, la dejasen estar. Mas Antonio de Ávila, que ya traía consigo la mala fortuna, dicen que respondió: que si en algo se excediese de la órden, todo seria dar culpa á los soldados. Llegando á Valor tomaron los caminos; cercaron el lugar: salieron los principales á ofrecer favor, diligencia, vituallas; mas los que vinieron al cuartel de Antonio de Ávila fueron muertos sin ser oidos. Alteróse el lugar; entraron los soldados matando y saqueando; juntáronseles los de Álvaro Flores, que para esto eran todos en uno; murieron algunos moriscos, que no pudieron defenderse ni huir; fue robada la tierra, y los soldados recogieron el robo en la iglesia diciendo los capitanes: que su órden era llevar los moriscos presos, y no podian de otra manera cumplir con ella. Mas los moriscos visto el daño, hicieron ahumadas á los suyos que andaban por la montaña, y á los que cerca estaban escondidos: los nuestros al nacer del dia partiendo la presa, en que habia ochocientos cautivos y mucha ropa, las bestias y ellos cargados, tomaron el camino de Orgiba, los embarazos y presas en medio. Partida la vanguardia, mostróse á la retaguardia Abenzaba, capitan de Aben Humeya en aquel partido, con trescientos hombres como de paz: requeríalos con la salvaguardia; que dejando las personas cautivas llevasen el resto; mas viendo cuan poco les aprovechaba comenzaron á picallos y desordenallos, hasta que á la cubierta de un viso dieron en la emboscada de doscientos hombres, y volviéndose á las mujeres les dijeron: Damas, no vais con tan ruin gente. Juntamente con estas palabras el Partal, hombre cuerdo y valiente, uno de cinco hermanos todos de este nombre que vivian en Narila, acometió la retaguardia por el costado; mas los soldados por no desamparar la presa hicieron poca resistencia: la vanguardia caminaba cuanto podia sin hacer alto ni descargarse de la presa, y todos iban ya ahilados; los delanteros por llegar á Orgiba; los postreros por juntarse con los delanteros: en fin del todo puestos en rota sin osar defenderse ni huir, muertos los capitanes y oficiales, rendidos los soldados y degollados: con la presa á cuestas ó en los brazos, salváronse entre todos como cuarenta; los demás fueron muertos sin recibir á prision; ni perder los enemigos hombre, de quinientos que se juntaron. Como sucedió el caso, enviaron á excusarse con el marqués, cargando la culpa á los capitanes, y ofreciendo estar á justicia. Mas él entendida la desgracia puso en Orgiba mayor guardia, repartió los cuarteles á la caballería como quien esperaba los enemigos: llegó el mismo dia el aviso á Granada; y el conde Tendilla despachó á D. Antonio de Luna con mil infantes y cien caballos, y órden que llegado á Lanjaron hasta donde era el peligro, dejando la gente en lugar seguro y el gobierno al sarjento mayor, tornase á Granada. Llegaron á Orgiba dentro el tercero dia que el caso aconteció; reforzó las guardias en el Alhambra, en la ciudad y la Vega; porque los moriscos favorecidos con este suceso no intentasen novedad.
Habia escrito el rey al marqués, que temporizase con los enemigos no se poniendo en ocasion de peligro; temeroso de nuestra gente por ser toda número, excepto los particulares. Representábansele los inconvenientes que en una desgracia pueden suceder; acabarse de levantar el reino, venir los de Berbería en ocasion que las armas del gran turco se comenzaban á mostrar en Levante; incierto donde pararia tan gran armada, aunque se veía que amenazase á Cipro. Parecíanle las fuerzas del marqués pocas para mantener lo de dentro y fuera de Granada; tenia lo pasado mas por correrías, escaramuzas y progresos de gente desarmada, que por guerra cumplida. El general calumniado en la ciudad, que le tenia de hacer espaldas; de donde habia de salir el nervio de la guerra; la voluntad de algunas ciudades y señores en Andalucía no muy conformes con la suya; los soldados descontentos; y no faltaban pretensiones de personas que andaban cerca de los príncipes, ó á las orejas de quien anda cerca de ellos. Pareció por entonces consejo de necesidad suspender las armas, y tanto mas cuando llegó la nueva de la desgracia acontecida en Valor. Escribióse al marqués resolutamente que no hiciese movimiento; y porque la autoridad que tenia en aquella tierra era grande, y la costumbre de mandar muy arraigada de padre y abuelo, y parecia que en reino extendido y tierra doblada no podia dar cobro á tantas partes, como la experiencia lo mostraba, porque estando en Orgiba, se levantaron las Guajaras, y yendo á las Guajaras, Obañez; acordó dividir la empresa dando al marqués de Velez cargo de los rios de Almería y Almanzora, tierra de Baza y Guadix, y al de Mondejar el resto del reino de Granada; enviar á ella por superior de todo á su hermano D. Juan de Austria; por ventura resoluto á descomponer al uno y al otro, y cierto de que ninguno de ellos se tenia por agraviado: pues con la autoridad y nombre de su hermano cesaban todos los oficios; los pueblos se mandarian con mayor facilidad; contribuirian todos mas contentos; servirian mas listos teniendo cerca del rey á su hermano por testigo; los soldados un general que los gratificase y adelantase; la eleccion daria mayor sonido entre naciones apartadas, suspenderia los ánimos de los bárbaros, quitaríales la avilanteza de armar, imposibilitaríalos de hacer el socorro formado como empresa difícil y sin efecto; ocuparia á D. Juan en hechos de tierra, como lo estaba en los de mar; haríale plático en lo uno y en lo otro: mozo despierto, deseoso de emplear y acreditar su persona, á quien despertaba la gloria del padre y la virtud del hermano. Decíase tambien que en esta empresa el rey deseaba ver el ánimo del marqués de Mondejar inclinado á mayores demostraciones de rigor, por la venganza del desacato divino y humano, por la rebelion, por el ejemplo de otros pueblos. Encendian esta opinion relaciones y pareceres de personas, que cualquiera cosa donde no ponen las manos les parece fácil, sin medir tiempo ni posibilidad, presente ó porvenir, y de otras apasionadas; no sin artificio y entendimiento de unas con otras. Mas los príncipes toman lo que les conviene de las relaciones, dejando la pasion para su dueño.
Estando las cosas en tales términos, con el suceso de Valor tomaron los enemigos ánimo para descubrirse, y Aben Humeya entró con mayor autoridad y diligencia en el gobierno; no como cabeza de pueblos rogados ó gente esparcida sin órden, sino como rey y señor. Siguió nuestra órden de guerra; repartió la gente por escuadras, juntóla en compañías; nombró capitanes; mandó que aquellos y no otros arbolasen banderas; púsolos debajo de coroneles, y cada partido que estuviese al gobierno de uno que dicen alcaide (tahas llaman ellos á los partidos de tahar, que en su lengua quiere decir sujetarse): este mandaba lo de la guerra; nombre entre ellos usado dende tiempos antiguos, y puesto por nosotros á los que tienen fortalezas en guarda. Para seguridad de su persona pagó arcabucería de guardia, que fue creciendo hasta cuatrocientos hombres; levantó un estandarte bermejo, que mostraba el lugar de la persona del rey á manera de guion.
Del principio de esta ceremonia en los reyes de Granada, olvidada por haber pasado el reino á los de Castilla, diremos ahora. Muerto Abenhut que tenia á Almería por cabeza del reino, tomaron (como dijimos) por rey en Granada á Mahamet Alhamar, que quiere decir el Bermejo. Cuando el Santo rey D. Fernando el III vino sobre Sevilla, hallóse con mucha caballería este Mahamet á servir en aquella empresa, por haberle ayudado el rey D. Fernando á tomar el reino: parecióle autoridad el uso de guion, agradecimiento y honra poner en él la color y banda, que traen los reyes de Castilla. Armóle caballero el rey el dia que entró en Sevilla; dióle el estandarte por armas para él y los que fuesen reyes en Granada; la banda de oro en campo rojo con dos cabezas de sierpes á los cabos, segun la traen en su guion los reyes de Castilla; añadió él las letras azules que dicen: no hay otro vencedor sino Dios: por timbre tomó dos leones coronados que sobre las cabezas sostienen el escudo; traen el timbre debajo de las armas, como nosotros encima; porque así escriben y muestran los sitios, y cuentan las partes del cielo y la tierra, al contrario de nosotros. Mas las armas antiguas de los reyes de la Andalucía eran una llave azul en campo de plata; fundándose en ciertas palabras del alcoran, y dando á entender que con la destreza y el hierro abrieron por Gibraltar la puerta á la conquista de poniente; y de allí llaman á Gibraltar por otro nombre, el monte de la Llave. Hoy duran sobre la principal puerta de la Alhambra estas armas con letras, que declaran la causa y el autor del castillo.
Hacia con los suyos Aben Humeya su residencia en los lugares de Valor y Poqueira, y en los que están en lo áspero de la Alpujarra; comiendo la vitualla que tenian encerrada y la que hallaban sin dueño, con mayor abundancia y á mas bajos precios que nosotros. Las rentas que para mantenimiento del reino le señalaron fueron el diezmo de los frutos y el quinto de las presas, y mas lo que tiránicamente quitaba á sus súbditos. De esta manera se detuvieron, el marqués de Mondejar rehaciéndose de gente en Orgiba, incierto en que pararia la suspension del rey; y Aben Humeya gozando del tiempo, cobrando fuerzas, esperando el socorro de Berbería para mantener la guerra, ó navíos en que pasarse y desamparar la tierra.
Estando las armas en este silencio; porque el bullicio no cesase en alguna parte, sucedió en Granada un caso aunque liviano, que por ser en ocasion y no pensado escandalizó. Habia en la cárcel de la chancillería hasta ciento y cincuenta moriscos presos; parte por seguridad (que eran escandalosos), parte por delitos ó sospecha de ellos; todos como de los mas ricos y acreditados en la ciudad, así de los mas inhábiles para las armas; gente dada á trato y regalo. Contra estos se levantó voz á media noche estando los hombres en sosiego, que procuraban quebrantar las prisiones, matar las guardias, salir de las cárceles, y juntos con los moros de la Vega y Alpujarra levantar el Albaicin, degollar los cristianos, escalar el Alhambra, y apoderarse de Granada; empresa difícil para sueltos y muchos y experimentados, aunque con menos recatamiento se estuviera. Mas no dejó de tener este movimiento algunas causas; porque hubo informacion que lo trataban; y deposiciones de testigos, que en ánimos sospechosos lo imposible hacen parecer fácil. Acrecentaron la sospecha algunas escalas, aunque de esparto, anchas y fuertes, fabricadas para escalar muralla, que el conde halló en cierta cueva al cerro de Santa Elena; pertrecho que los moros guardaban para entrar en el Alhambra la noche que vinieron al Albaicin, como está dicho. Alborotado el pueblo, corrió á las cárceles con autoridad de justicia, acriminando los ministros el caso y acrecentando la indignacion: mataron cuasi todos los moriscos presos, puesto que algunos hiciesen defensa con las armas que hallaban á mano, como piedras, vasos, madera, poniendo tiempo entre la ira del pueblo y su muerte. Habia en ellos culpados en pláticas y demostraciones, y todos en deseo; gente flaca, liviana, inhábil para todo, sino para dar ocasion á su desventura.
No dejaban los moros en todo tiempo de procurar algun lugar de nombre en la costa para dar reputacion á su empresa, y acoger armada de Berbería; pero su principal intento se encaminaba á tomar á Almería, ciudad asentada en sitio mas á propósito que Málaga, y despues de ella la mas importante; habitada de moriscos y cristianos viejos, cerca de los puertos de cabo de Gata, y de abundancia de carne, pan, aceite, frutas; puesta á la entrada de muchos valles que unos llevan á la parte del maestral á Granada, y otros á la del griego al rio de Almanzora y tierra de Baza; al levante la de Cartagena, y al poniente Almuñecar y Velez Málaga. En tiempo de romanos y godos fue (como ahora) cabeza de provincia llamada Virgi; y en el de los moros, de reino, despues que fueron echados de Córdoba. Pobláronla los de Tiro que vinieron á Cádiz, poco apartada de la mar; los moros por la comodidad del agua pasaron la poblacion adonde ahora está. Destruyóla el emperador de España D. Alonso el VII, trayendo á sueldo el conde de Barcelona, con sesenta galeras y ciento y sesenta y tres navíos de genoveses con Balduino y Ansaldo de Oria, generales de la armada; á quien el rey dió por cuenta de sus sueldos el vaso verde que hoy muestran en San Juan, y dicen ser esmeralda: y puédese creer sin maravilla, vista la grandeza de los que comienzan á venir del Nuevo Mundo, y la que refieren algunos antiguos escritores. Esto tratan nuestras historias; aunque las de genoveses refieren haberle tomado en la conquista de Cesarea en Asia, siendo su capitan Guillelmo que llamaban Cabeza de Martillo: quede la fe de esto al arbitrio de los que leen. Tornó á restaurar la ciudad Abenhut. Cerca del nombre, aprendí de los moros naturales, que por la fábrica de espejos de que habia gran trato, la llamaron Almería; tierra de espejos quiere decir, porque al espejo llaman meri. Dicen los moros valencianos, que por espejo del reino le pusieron este nombre. Las historias arábigas, que en gran parte son fabulosas, cuentan que en lo mas alto habia un espejo semejante al que se finge de la Coruña, en que se descubrian las armadas. La memoria de los antiguos antes de los moros es, que habia atalaya, á que los latinos llamaban specula, como en la misma Coruña, para encaminar y mostrar los navíos que venian á la costa, y de allí le dieron el nombre. Pero el autor que yo sigo, y entre los arábigos tiene mas crédito, dice que cuando los moros ganada España se quisieron volver á sus casas, para detenellos, les dieron á poblar á cada uno la tierra que mas parecia á la suya; y á estas provincias llamaron Coras, que quiere decir tanto, como la redondez de la tierra que descubre la vista: horizonte la podrian llamar los curiosos de vocablos. Los de Almería[49], ciudad populosa en la provincia de Frigia, donde fue cabeza la gran Troya, escogieron á Virgi por habitacion; porque les pareció semejante á su ciudad, y le dieron su nombre, como dijimos que los de Damasco dieron el suyo á Granada. Fue Almería la de Asia destruida por el emperador Constancio, en tiempo de Mauhía IV, sucesor de Mahoma. Pues viendo el rey que los moros insistian tanto en la empresa de Almería, y si la ocupasen seria tener la puerta del reino, y fundar en ella nombre y cabeza segun la tuvieron en otros tiempos; aunque por D. García de Villarroel se guardase con bastante diligencia, quiso guardarla con mas autoridad. Mandó que por entonces tuviese el cargo con mayor número de gente D. Francisco de Córdoba que vivia retirado en su casa: hombre plático en la guerra contra los moros, y que habia seguido al emperador en algunas; criado debajo del amaestramiento de dos grandes capitanes, uno D. Martin de Córdoba, su padre, conde de Alcaudete; otro D. Bernardino de Mendoza su tio. Estando en Almería D. Francisco, llegó Gil de Andrada con las galeras de su cargo y otras con que guardaba la costa; y teniendo ambos aviso que en la sierra de Gador se recogia gran número de moros con sus mujeres y hijos, (sobras de gente corrida por los marqueses de Mondejar y Velez), acompañados de treinta turcos, temiendo que juntos con otros le desasosegasen á Almería; juntó gente de la tierra, de la guardia de ella, y de las galeras hasta setecientos arcabuceros y cuarenta caballos; fue sobre ellos, que estaban fuertes, y á su pesar defendidos con algun reparo de manos y aspereza del lugar: á la tierra llaman Alcudia, y al pueblo Inox, pocas leguas de Almería. Estuvo detenido cuasi cuatro dias (por ser malo el tiempo en fin de enero), al pie de la montaña, y cuasi desconfiado de la empresa: resolvióse á combatillos por dos partes, aunque era difícil la subida; hicieron la defensa que pudieron con piedras y gorguces, porque en tanto número como mil y quinientos hombres habia solos cuarenta arcabuceros y ballesteros: fueron rotos, murieron muchos, y con mas pertinacia que los de otras partes; porque hasta las mujeres meneaban las armas: hubo cautivos cuasi dos mil personas; saliéronse los moros y entre ellos el capitan llamado Corcuz de Dalias, para caer despues en las manos de los nuestros cerca de Vera, y morir en Adra sacados los ojos, con un cencerro al cuello, entregado á los muchachos, por los daños que siendo cosario habia hecho en aquella costa. Tornó D. Francisco la gente á Almería rica y contenta: dividió la presa entre los soldados; proveyó de esclavos las galeras; mas dende á pocos dias entendiendo como el marqués de Velez venia por general de toda aquella provincia, y pareciéndole que bastaba para la ciudad un solo defensor, pidió licencia y habida del rey tornó á su casa.