Abenabó con esta ocasion proveyó á Castil de Ferro de armas, artillería y vitualla, puso dentro cincuenta turcos con su capitan llamado Leandro para que pudiese recibir el socorro que traeria Caravaji con el armada de Argel, y en persona vino sobre Orgiba, movido por quejas de los pueblos comarcanos, y daños que continuamente recibian de la guarnicion que en ella residia. Eran los capitanes moros, Berbuz, Rendati, Macox; y turcos, Dali capitan á quien dejó cabeza de la empresa y de la gente. Apretaron el lugar, mostraron quererle hambrear; fuéronse con trincheas llegando hasta las casas; vínoles gente, y entraron en ellas: señoreáronlas de manera, que descubrian la plaza, y los nuestros no atravesaban ni estaban á los reparos sin ser enclavados: tomaban por dias el agua peleando; era la hambre y la sed mayor que el temor de los enemigos. Dió Francisco de Molina aviso, y pareció á D. Juan que el duque de Sesa la socorriese, por la experiencia, por la gracia y autoridad con la gente, ser del consejo, y el lugar suyo; detúvose algunos dias esperando la vitualla con harta dilacion: partió con seis mil infantes y trescientos caballos, mas número de gente que de hombres, la mayor parte concejil: pero en Acequia le tomó la gota, enfermedad ordinaria suya, y tan recia que le inhabilitaba la persona, aunque dejándole libre el entendimiento. Trató D. Juan de enviar á Luis Quijada en su lugar, no sin ambicion; pero el duque mejoró, y en principio de noviembre envió dende Acequia á Vilches, que por otro nombre llamaban Pie de palo, buen hombre de campo, plático de la tierra, que con cuatro compañías de infantería en que habia ochocientos hombres, dejando á la mano derecha á Lanjaron, hiciese el camino por lo áspero de la montaña, desusado muchos años, pero posible para caballería; y que reconociendo el barranco que atraviesa el camino de Orgiba, tomase lo alto de la montaña y estuviese quedo, adonde el camino de Lanjaron hace la vuelta cerca de Orgiba, de allí diese aviso á Francisco de Molina: y por asegurar á Vilches envió á sus espaldas otros ochocientos hombres, siguiendo él con el resto de la gente y caballería, sospechoso que los unos y los otros habrian menester socorro.
Mas los moros, que tenian no solamente aviso de la salida de Acequia, pero atalayas por todo, que con señas contaban á los nuestros los pasos, dándolas de una en otra hasta Orgiba, hicieron de sí dos partes: una quedó sobre Orgiba, y otra de la demás gente salió con sus banderas á esperar al duque. Estos fueron Hhusceni y Dali, encubriéndose parte de la gente. Comenzó Dali capitan á mostrarse tarde, y entretenerle escaramuzando. Entre tanto apartaron seiscientos hombres, cuatrocientos con Rendati que se emboscó á las espaldas de Vilches, y Macox adelante al entrar de lo llano tomando el camino de Acequia de las tres peñas (llaman los moros á aquel lugar Calat el Hhajar en su lengua), cosa pocas veces vista, y de hombres muy pláticos en la tierra, apartarse tanta gente escaramuzando, y emboscarse sin ser sentida, ni de los que estaban en la frente, ni de los que venian á las espaldas. Cayó la tarde, y cargó Dali capitan reforzando la escaramuza á la parte del barranco cerca de la agua; de manera que á los nuestros pareció retirarse adonde entendian que venia el duque, pero con órden. Descubrióse la primera emboscada, y fueron cargados tan recio que hallándose lejos del socorro y que apuntaba la noche, cuasi rotos se recogieron á un alto cerca del barranco, con propósito de esperar, hechos fuertes; donde pudieran estar seguros, aunque con algun daño, si el capitan Perea tuviera sufrimiento; pero viendo el socorro, echóse por el barranco y la gente tras él; donde seguido de los moros fue muerto peleando con parte de los que iban con él, y pasando adelante cargaron hasta llegar á dar en el duque ya de noche, que los socorrió y retiró: pero dando en la segunda emboscada de Macox, apretado por una parte de los enemigos, por otra incierto del camino y de la tierra con la escuridad, y confuso con el miedo que la gente llevaba, que le iban faltando, fue necesitado á hacer frente á los enemigos por su persona: quedaron con él D. Gabriel su tio, D. Luis de Córdoba, D. Luis de Cardona, D. Juan de Mendoza, y otros caballeros y gente particular; muchos de ellos apeados con la infantería dando cargas y siendo seguidos hasta cerca del alojamiento; dicen que si los moros cargaran como al principio, estuviera en peligro la jornada. Pero el daño estuvo en que Pie de palo partiese á hora, que el dia no le bastó al duque para llegar á Orgiba con sol, ni para socorrerle. Engaña el tiempo en el reino de Granada á muchos hombres que no le miden por la aspereza de la tierra, hondura de los barrancos, y estrecheza de los caminos. Murieron de los nuestros cuatrocientos hombres, y perdieron muchas armas, segun los moros, gente vana que acrecienta sus prosperidades; mas segun nosotros (que en esta guerra nos mostramos á disimular, y encubrir las pérdidas) solos sesenta; lo uno ó lo otro con daño de los enemigos, y reputacion del duque. De noche sospechoso de la gente, apretado de los enemigos, impedido de la persona, tuvo libertad para poner en ejecucion lo que se ofrecia proveer á toda parte, resolucion para apartar los enemigos, y autoridad para detener los nuestros que habian comenzado á huir, recogiéndose á Acequia cuasi á media noche: larga y trabajosa retirada de tres grandes leguas, dos siendo cargada su gente.
Y considerando yo las causas, porque nacion tan animosa, tan aparejada á sufrir trabajos, tan puesta en el punto de lealtad, tan vana de sus honras (que no es en la guerra la parte de menos importancia), obrase en esta al contrario de su valentía y valor, truje á la memoria numerosos ejércitos disciplinados y reputados en que yo me hallé, guiados por el emperador D. Cárlos, uno de los mayores capitanes que hubo en muchos siglos; otros por el rey Francisco de Francia su émulo, y hombre de no menos ánimo y experiencia. Ninguno mas armado, mas disciplinado, mas cumplido en todas sus partes, mas plático, abundado de dinero, de vitualla, de artillería, de municion, de soldados particulares, de gente aventurera de corte, de cabezas, capitanes y oficiales, me parece haber visto ni oido decir, que el ejército que D. Felipe II rey de España, su hijo, tuvo contra Enrique II de Francia, hijo de Francisco, sobre Durlan, en defension de los estados de Flandes, cuando hizo la paz tan nombrada por el mundo, de que salió la restitucion del duque Filiberto de Saboya, negocio tan desconfiado. Como por el contrario, ninguno he visto hecho tan á remiendos, tan desordenado, tan cortamente proveido, y con tanto disperdiciamiento y pérdida de tiempo y dinero; los soldados iguales en miedo, en codicia, en poca perseverancia y ninguna disciplina. Las causas pienso haber sido, comenzarse la guerra en tiempo del marqués de Mondejar con gente concejil aventurera, á quien la codicia, el robo, la flaqueza y las pocas armas que se persuadieron de los enemigos al principio, convidó á salir de sus casas cuasi sin órden de cabezas ó banderas: tenian sus lugares cerca, con cualquier presa tornaban á ellos; salian nuevos á la guerra, estaban nuevos, volvian nuevos. Mas el tiempo que el marqués de Mondejar, hombre de ánimo y diligencia, que conocia las condiciones de los amigos y enemigos, anduvo pegado con ellos, á las manos, en toda hora, en todo lugar, por medio de los hombres particulares que le seguian, estuvieron estas faltas encubiertas. Pero despues que los enemigos se repartieron, acontecieron desgracias por donde quedaron desarmados los nuestros y armados ellos; comunicábase el miedo de unos en otros; que como sea el vicio mas perjudicial en la guerra, así es el mas contagioso: no se repartian las presas en comun, era de cada uno lo que tomaba, como tal lo guardaba, huían con ello sin union, sin respondencia; dejábanse matar abrazados ó cargados con el robo, y donde no le esperaban, ó no salian, ó en saliendo, tornaban á casa; guerra de montaña, poca provision, menos aparejo para ella, dormir en tierra, no beber vino, las pagas en vitualla, tocar poco dinero ó ninguno: cesando la codicia del interese, cesaba el sufrir trabajo: pobres, hambrientos, impacientes, adolecian, morian, ó huyéndose los mataban; cualquier partido de estos escogian por mas ventajoso que durar en la guerra, cuando no traían la ganancia entre las manos. De los capitanes, algunos cansados ya de mandar, reprender, castigar, sufrir sus soldados, se daban á las mismas costumbres de la gente, y tales eran los campos que de ella se juntaban. Pero tambien hubo algunos hombres entre los que vinieron enviados por las ciudades, á quien la vergüenza y la hidalguía era freno. Tambien la gente enviada por los señores, escogida, igual, disciplinada, y la que particularmente venia á servir con sus manos, movidos por obligacion de virtud y deseo de acreditar sus personas, animosa, obediente, presente á cualquiera peligro: tantos capitanes ó soldados, como personas; y en fin autores y ministros de la vitoria. Los soldados y personas de Granada todos aprobaron para ser loados. No parecerá filosofía sin provecho para lo porvenir esta mi consideracion verdadera, aunque experimentada con daño y costa nuestra.
Envió el duque á dar noticia de lo que pasaba á Francisco de Molina, mandándole, que en caso que no se pudiese detener, desamparase la plaza y se retirase por el camino de Motril; porque el de Lanjaron tenian ocupado los enemigos, y no le podia socorrer. Mas ellos no curaron de tornar sobre Orgiba, así porque en ella y en la refriega que tuvieron, habian perdido gente y muchos heridos, como porque les pareció que bastaba tener á Francisco de Molina corto con poca gente, y ellos hacer rostro á la del duque, estorbar el daño que podia hacer en los lugares del valle, que tenian como propios. Francisco de Molina, con la órden del duque conforme á la que él tenia de D. Juan, teniendo por cierto que si volvieran sobre él, se perderia sin agua, ni vitualla, enclavó y enterró algunas piezas que no pudo llevar, recogió los enfermos y embarazos en medio, tomó el camino de Motril libre de los enemigos; donde llegó con toda la gente que salió, y con poca pérdida en el fuerte: dando harto contraria muestra del suceso en el cerco y retirada, de lo que la desvergüenza de los soldados habia publicado; desamparóse por ser corta la provision de vituallas, lugar que habia costado muchas, mucho tiempo, mucha gente y trabajo mantener y socorrer; fue el primero y solo que los enemigos tomaron por cerco; deshicieron las trincheas, quemaron y destruyeron la tierra, llevaron dos piezas aunque enclavadas. Tomáronse dos moros con cartas que los capitanes escribian á la gente de las Albuñuelas, y el valle, y otras partes, certificándoles la venida del duque á socorrer á Orgiba, y animándolos que siguiesen su retaguardia; porque ellos con la gente que tenian se les mostrarian á la frente, como le estorbasen el socorro ó les combatiesen con ventaja. No estuvieron ociosos el tiempo que él se detuvo en Acequia; porque bajaron por Guejar y el Puntal á la Vega, llevaron ganados, quemaron á Mairena hasta media legua de Granada, acogiéndose sin pérdida y con la presa, por divertir, ó porque la guerra pareciese con igualdad. Esperó en Acequia por entender el motivo de los enemigos y entretenellos que no diesen estorbo á la retirada de Francisco de Molina, y por su indisposicion, con falta de vitualla, y descontentamiento de la gente: por esto y la ociosidad, y por ser ya el mes de noviembre y la sementera en la mano, se comenzó á deshacer el campo. Mas llamado por D. Juan, salió por las Albuñuelas con poca gente, y esa temerosa por lo sucedido (trataban los turcos de ponerse de guarnicion en aquel lugar), y caminando el dia, los enemigos al costado, llegó temprano sin acercarse los unos á los otros, dando culpa á las guias: quemó el un barrio, y despues de haber enviado á D. Luis de Córdoba á quemar á Restaval, Belejij, Concha, y otros lugares del valle que D. Antonio de Luna dejó enteros, y dejado á Pedro de Mendoza con seiscientos hombres alojado en el otro barrio, tornó á Granada, donde halló á D. Juan ocupado en la reformacion de la infantería, provisiones de vitualla y otras cosas, por medio y industria de Francisco Gutierrez de Cuellar, del consejo, á quien el rey envió particularmente á mirar por su hacienda; caballero prudente, plático en la administracion de ella, bueno para todo.
Habian las desórdenes pasado tan adelante, que fue necesario para remediallas hacer demostracion no vista ni leida en los tiempos pasados en la guerra; suspender treinta y dos capitanes de cuarenta y uno que habia, con nombre de reformacion: pero no se remedió por eso; que el gobierno de las compañías quedó á sus mismos alféreces, de quien suele salir el daño. Porque como se nombran capitanes sin crédito de gente ó dineros, encomiendan sus banderas á los alféreces, y oficiales que les ayudan á hacer las compañías gastando dinero con los soldados, de quien no pueden desquitarse tomándoselo de las pagas, porque se les desharian las compañías, y procuran hacello engañando en el número. Pero los capitanes y oficiales cuasi todos engañan en las pagas; aunque unos las ponen en calificar soldados y entretenellos con pagar ventajas, ó darles de comer; y estos son tolerables: otros son perniciosos y aun tenidos como traidores, porque engañan á su señor en cosa que le hacen perder la honra, el estado y la vida, fiándose de ellos, y estos son los que para sí hacen ganancia con las compañías, teniendo menos gente, ó robando los huéspedes, ó componiéndolos: la misma reformacion se hizo en los comisarios, partidos, y distribucion de vituallas, armas y municiones.
En el tiempo que el duque de Sesa partió para el socorro de Orgiba, y D. Juan entendia en reformar las desórdenes, se alzó Galera, una legua de Guescar en tierra de Baza; lugar fuerte para ofender y desasosegar la comarca en el paso de Cartagena al reino de Granada, y no lejos del de Valencia. Mas los de Guescar, entendiendo el levantamiento, fueron sobre el lugar con mil y doscientos hombres y alguna caballería; estuvieron hasta tercero dia; y sin hacer mas de salvar cuarenta cristianos viejos que estaban retirados en la iglesia, se tornaron. Habian entrado en Galera por mandado de Abenabó cien arcabuceros turcos y berberíes con el Maleh, alcaide del partido, y era capitan de ellos Caravajal, turco, que saltó fuera cargando en la retaguardia, y poniéndolos en desórden les quitó la presa de ganados y mató pocos hombres, de que los de Guescar indignados mataron algunos moriscos por la ciudad, y en la casa del gobernador donde se habian recogido: quemaron parte de ella, saquearon y quemaron otras en Guescar, ciudad de los confines del reino de Murcia y Granada, patrimonio que fue del rey católico D. Fernando, y dada en satisfaccion de servicios al duque de Alba D. Fadrique de Toledo; pueblo rico, gente áspera y á veces mal mandada, descontenta de ser sujeta á otro sino al rey; y desasosegada con este estado que tiene, procura trocalle con otros, que á veces desasosiegan mas.
Levantóse de ahí á pocos dias Orce, una legua de Galera, que los antiguos llamaron Urci; y estando los de Guescar preparándose para ir á allanarla ó destruirla, los vecinos cristianos nuevos que habian quedado, indignados metieron de noche sin ser sentidos al Maleh con trescientos hombres en sus casas, que dejó emboscados en los lavaderos hasta dos mil, y en ellos trescientos turcos y berberíes, que se habian juntado para el efecto: mas los de la ciudad que tuvieron noticia, vueltas contra ellos las armas, peleando los echaron fuera con daño y rotos; y dando con el mesmo ímpetu en la emboscada, la rompieron matando seiscientos hombres. Fuera la vitoria del todo, si los turcos y berberíes no resistieran reparando la gente, y haciendo retirar parte de ella con alguna órden. Ya Abenabó habia hecho declarar todo el rio de Almanzora (que en arábigo quiere decir de la vitoria) con Purchena (en otro tiempo llamada de los antiguos Illipula grande, á diferencia de otra menor, ribera de Guadalquivir), la sierra de Filabres y los lugares de tierra de Baza. Quedaban Seron, y Tijola del duque de Escalona: Tijola inexpugnable, pero falta de agua. Envió sobre Seron, y saliéndose la guardia, prendió el alcaide (algunos dicen que por su voluntad); tomó armas, municion, vitualla, doce piezas de bronce. Tijola siguió á Seron: de esta manera quedaron levantados todos los moriscos del reino, sino los de la hoya de Málaga y serranía de Ronda.
Estos motivos, y la priesa que el rey daba á reforzar el campo del marqués de Velez que estaba en Baza, enviando caballeros principales de su casa por las ciudades á solicitar gente, que saliese antes que los enemigos tomasen fuerzas, apresuró al marqués con la gente que trajo de la Peza, y la que D. Antonio de Luna dejó en Baza, y la que se juntó de Guescar y otras partes, por todos cuatro mil infantes, y trescientos y cincuenta caballos, á ponerse sobre Galera: el Maleh y su hijo desampararon el lugar, desconfiados que se pudiese mantener. Caravajal, turco, dende á dos dias que el marqués llegó, juntó el pueblo; persuadiólos que salvasen la gente, la ropa, y á sí mismos, pues tenian aparejo y la sierra cerca; y diciéndole que dentro en sus casas querian morir, les respondió: que aun no era llegado el tiempo, ni era su oficio morir; que se salvasen y dejasen aquello para otros que venian brevemente á morir por ellos. Mas visto que estaban pertinaces, con ciento y treinta turcos y berberíes dando una arma de noche á los nuestros, se salió con su gente y dinero, sin recibir daño; y vino por mandado de Abenabó á residir en Guejar con los otros capitanes.
Habian los enemigos (como dijimos) entrado en ella, fundado frontera, atajado con una trinchea de piedra seca de monte á monte el trecho, que llaman la Silla; manteníanse contra Granada, hacian presas, solicitando pueblos que se levantasen, recogiendo y regalando los que se alzaban. Á veces estaban en ella cuatro mil, á veces menos, y de ordinario seiscientos hombres segun las ocasiones; eran capitanes Joaibi, natural del lugar, por otro nombre llamado Pedro de Mendoza (que este apellido tomaban muchos por la naturaleza que tenia en la tierra la casta del marqués D. Iñigo Lopez de Mendoza, primer capitan general), Hocein, Caracajal, turco, Chocon (que en su lengua quiere decir degollador), Macox, Mojajar, y otros. Crecia el desasosiego de la ciudad, y parecia estarse con menos seguridad, pero en nada se via acrecentada la manera de la defensa, descubierta la parte de la ciudad que llaman Realejo frontera á los enemigos, el barrio de Antequeruela no sin peligro muchos meses, muy á menudo los apercebimientos, que se hacian de persona en persona y con secreto, mostrando que los enemigos vernian cada noche á dar en la ciudad, las mas veces por esta parte. Al fin se achicó la puerta que dicen de los molinos, y se puso una compañía de guardia en Antequeruela, pero no que se atajasen los caminos de Facar, Veas, el Puntal; maravillándose los que no tienen noticia de las causas, ó licencia de escudriñallas, como se encarecian tanto las fuerzas de los enemigos y el peligro, y se estaba con tan flaca guardia: en fin se puso una concejil en la puerta de los Molinos; reforzóse la de Antequeruela; púsose guardia en los Mártires, y en Pinillos, y Cenes (presidios todos contra Guejar), y á don Gerónimo de Padilla mandaron estar en Santa Fe con una compañía de caballos para asegurar el llano de Loja, demás de la guardia de la Vega. Púsose caballería en Iznalloz, pero todo no estorbaba que hasta las puertas de Granada se hiciesen á la continua presas.
Estando en estos términos, comenzó el marqués de Velez á batir á Galera con seis piezas de bronce, y dos bombardas de hierro, de espacio y con poco fruto. Saltaban fuera los moros á menudo, haciendo daño sin recebillo.