DISCURSO
DEL CONDE DE PORTALEGRE,
con que suplió lo que faltaba en las primeras ediciones al fin del libro tercero de esta historia.

Hemos llegado á un peligroso paso, donde D. Diego deja la historia rota por desgracia, si no fue de industria, para ganar honra con la comparacion del que la pretendiese continuar. Porque sea quien fuere, lo añadido seria de estofa mucho menos fina: y aunque se hallarán (cuando esto se escribe) testigos vivos y de vista, por cuya relacion se pudiera proseguir cumplidamente lo que falta, será lo mas seguro hacer sumario de esta quiebra, y no suplemento; imitando antes á Floro con Livio, que á Hirtio con César: pues no le bastó ser tan docto, tan curioso, testigo de sus empresas, y camarada (como dicen los soldados), para que no se vea muy clara la ventaja que hace el estilo de los Comentarios al suyo. En el trozo que se corta se contiene la segunda salida del señor D. Juan en campaña, el sitio peligroso y porfiado de la villa de Galera, la expugnacion de aquella plaza, la muerte de Luis Quijada desgraciada y lastimosa, el suceso de Seron y de Tijola; cosas todas de gran consecuencia y consideracion, si D. Diego las escribiera, haciendo á su modo anatomía de los afectos de los ministros, y de las obras de los soldados. Mas pues no se puede restaurar lo que se perdió (si algun dia no se descubre) contentémonos con saber que:

De Baza fue el señor D. Juan á Guescar; de donde salió el marqués de los Velez á encontrarle, y tornó acompañándole con muestras de mucha cortesía y satisfaccion, hasta ponerle á la puerta de la posada donde habia de alojar. De allí tomó licencia sin apearse, admirándose los presentes; y con un trompeta delante y cinco ó seis gentiles hombres, se retiró (sin detenerse) á su casa; de donde no salió despues; porque, segun se decia, no se quiso acomodar á servir con cargo que no fuese supremo.

De Guescar fue D. Juan á reconocer á Galera con Luis Quijada y el comendador mayor: reconocida, hizo venir el ejército, sitióla por todas partes, y alojóse en el puesto de donde el marqués se habia levantado. El sitio de aquella villa la hace muy fuerte; porque está en una eminencia sin padrastros, y estrechándose va bajando hasta el rio, acabando en punta con la figura de una proa de galera, de que toma el nombre, dejando en lo alto la popa. Están las casas arrimadas á la montaña, y esta es su fortaleza, y la razon porque puede excusar la muralla; porque siendo casamuro, la bala que pasa las casas sale y métese en la montaña, y así viene á ser lo mismo batir aquella tierra, que batir un monte. No se habia esto experimentado con la batería del marqués, porque no tenia sino cuatro lombardas antiguas del tiempo del rey D. Fernando (como se dijo atrás) que con balas de piedra blanda, no hacian efecto ninguno. Por lo cual hizo D. Juan venir algunas piezas gruesas de bronce de Cartagena, Sabiote y Cazorla. Atrincheróse con gran cuantidad de sacas de lana; porque faltaba tierra, y sobraba lana de los lavaderos, que tenian en Guescar los ginoveses que la compran para llevar á Italia; no poniendo las sacas por costado sino de punta, por hacer mas ancha la trinchea: sucedió con todo alguna vez penetrar una bala de escopeta turquesa la saca, y matar al soldado que estaba detrás, con seguridad á su parecer. Batióse Galera con poco efecto, porque teniendo la muralla delgada, no hacian las balas ruina, sino agujeros, pasando de claro, los cuales servian despues á los enemigos de troneras. Diósele el asalto por dos partes, y fueron rebotados los nuestros con notable daño en la superior, por no se haber hecho buena batería; y en la mas baja, por la eminencia de los terrados, de donde los ofendian los moros con gran ventaja, como tambien lo hicieron en algunas salidas, que costaron mucha sangre nuestra y suya; y en una degollaron cuasi entera la compañía de catalanes que traía D. Juan Buil. Con estos sucesos pareció que no se podia ganar la plaza por batería, y comenzóse á minar secretamente; pero no se les pudo esconder á los enemigos la mina; la cual reconocieron, y la publicaban á voces de la muralla; visto esto, se ordenó que se hiciese juntamente, por consejo (segun dicen) del capitan Juan Despuche, con intento de hacer demostracion que se arremetia, moviéndose los escuadrones hasta ciertas señales que estaban puestas, para que volando la primera, se engañasen los moros, creyendo que era pasado el peligro, y saliesen á la defensa. Sucedió ni mas ni menos, y dióse fuego á la segunda; la cual hizo tanta obra, que los voló hasta la plaza de armas, sin dejar hombre vivo de cuantos estaban á la frente: subieron los nuestros con trabajo, pero sin peligro, y plantaron las banderas en lo mas alto, que fue la ocasion de desconfiarlos del todo, y de rendirse sin resistencia: degolláronlos, sin excepcion de sexo ni edad, por espacio de dos horas. Cansóse el señor D. Juan y mandó envainar la furia de los soldados, y que cesase la sangre. Murieron sobre esta fuerza veinte y cuatro capitanes, cosa no vista hasta entonces; despues dicen los de Flandes, que compraron al mismo precio las villas de Harlen y Mastrich, con que se confirma la opinion de los antiguos, que llaman á nuestra nacion pródiga de la vida, y anticipadora de la muerte.

De Galera caminó el campo á Caniles la vuelta de Serona. Pasó Luis Quijada con la vanguardia á reconocerle, y hallándole desamparado, porque la gente se subió á la montaña, se desmandaron algunos de los nuestros, y entraron sin órden á saquear la tierra; los moros los vieron, y bajaron de lo alto, dieron sobre ellos, y pusiéronles en huida, tomándolos de sobresalto ocupados en el saco. Llegó Luis Quijada á recogerlos, y amparándolos, y metiéndolos en escuadron, fue herido desde arriba de un arcabuzazo en el hombro, de que murió en pocos dias. Era hijo de Gutierre Quijada, señor de Villa García, famoso justador al modo castellano antiguo; sirvió al emperador de paje, subiendo por todos los grados de la casa de Borgoña hasta ser su mayordomo, y coronel de la infantería española, que ganó á Teruana, plaza muy nombrada en Picardía; y solo este caballero escogió, cuando dejó sus reinos, para que le sirviese y acompañase en el monasterio de Yuste, haciendo el oficio de mayordomo mayor de pequeña casa y de gran príncipe. Dejóle encargado secretamente á D. Juan de Austria su hijo natural; crióle sin decirle que lo era, hasta el tiempo en que quiso el rey su hermano que le descubriese, siendo entonces Luis Quijada caballerizo mayor del príncipe D. Cárlos, y despues del consejo de estado, y presidente de las Indias. La desgracia subió de punto por no dejar hijos. Sintió y lloró su muerte el señor D. Juan, como de persona que le habia criado, y á quien tanto debia. Detúvose en aquel alojamiento algunos dias con muchas necesidades; los moros se recogieron en Tijola y Purchena, y representáronse en este tiempo á nuestro campo tres ó cuatro veces con cuatro mil peones y cuarenta ó cincuenta caballos, extendiendo las mangas hasta tiro de escopeta de los nuestros. Ordenóse, que so pena de la vida ninguno trabase escaramuza con ellos, y así tornaron siempre sin hacer, ni recibir daño; y el campo se movió para ir sobre Tijola, y ellos se retiraron á Purchena, dejando á Tijola bien guarnecida de gente, y municionada. Sitióse á la redonda; mas la tierra es tan áspera, que hubo gran dificultad en subir la artillería donde pudiese hacer efecto: en fin se subió con grande industria, y se les quitaron las defensas con ella; habíase de batir mas de propósito el dia siguiente, pero los moros no lo esperaron, y saliéronse á las diez de aquella noche por diversas partes, habiendo hurtado el nombre al ejército (cosa muy rara), y dándole todos á las primeras postas á un mismo tiempo, rompieron por los cuerpos de guardia, y salieron á la campaña. Perdiéronse tantos en esta salida, que los menos se salvaron. Por la mañana se siguió el alcance á los desmandados hasta Purchena, que se rindió sin resistencia, porque la gente estaba ya fuera, y no habia sino mujeres, pocos hombres, y alguna ropa. Algunos de los nuestros quedaron dentro, los mas pasaron siguiendo á los enemigos hasta el rio de Macael. D. Juan pasó de Tijola á Purchena, y guarnecióla; de allí fue dejando presidios en Cantoria, Tavernas, Frejiliana y Almería, y llegó á Andarax: donde se juntaron el duque de Sesa y el comendador mayor. Venia el duque de hacer su jornada, que concurrió con la misma de Galera que se ha referido en este sumario; tornando á atar el hilo de la historia de D. Diego en el libro siguiente.


NOTAS Y CITAS BIBLIOGRÁFICAS

[1] D. Luis de Salazar y Castro, Hist. gener. de la Casa de Lara.

[2] Nicol. Ant. Bibl. Hisp. verb. Didac. Hurtado de Mendoza.