Este santo prelado

de mi resolucion está informado,

y de mis infortunios... Nada temo.

Mi confesor de Córdoba hace dias

que las desgracias mias

le escribió largamente...

Sé de su caridad el noble extremo,

me acogerá indulgente.

¿Qué dudo, pues, qué dudo?...

Sed, oh Vírgen Santísima, mi escudo.