¡qué gran daño me habeis hecho!

D. Cárlos.

No digais tal, Don Fadrique,

cuando tan vano me encuentro

de que salvaros la vida

me haya concedido el cielo.

D. Álvaro.

Ay Don Félix de Avendaña,

¡qué gran mal me habeis hecho!

(Se desmaya.)