Ya se me ha olvidado todo;

eres muchacha obediente,

y yo seré diligente

en darte un buen acomodo.

Sí, mi vida... ¿quién mejor

sabrá lo que te conviene,

que un tierno padre, que tiene

por tí el delirio mayor?

Leonor.

(Echándose en brazos de su padre con gran desconsuelo.)