fué aquella en que te ví la vez primera

en el soberbio templo de Sevilla,

como un ángel bajado de la esfera,

en donde el trono del Eterno brilla!

¡Qué porvenir dichoso

vió mi imaginacion por un momento,

que huyó tan presuroso

como al soplar de repentino viento

las torres de oro, y montes argentinos,

y colosos, y fúlgidos follajes