(Saca Curra unas maletas y ropa, y se pone á arreglarlo todo sin que en ello repare Doña Leonor.)

Leonor.

¡Infeliz de mí!... ¡Dios mio!

¿Por qué un amoroso padre,

que por mí tanto desvelo

tiene, y cariño tan grande,

se ha de oponer tenazmente

(¡ay, el alma se me parte!...)

á que yo dichosa sea,

y pueda feliz llamarme?...