D. Alfonso.
¿No encontrais en mi semblante
rasgo alguno que os recuerde
de otro tiempo y de otros males?
¿No palpita vuestro pecho,
no se hiela vuestra sangre,
no se anonada y confunde
vuestro corazon cobarde
con mi presencia?... Ó por dicha,
¿es tan sincero, es tan grande,