D. Alfonso.
Ya lo conseguiste... ¡Dios mio! ¡Confesion! Soy cristiano... Perdonadme... salva mi alma...
D. Álvaro.
(Suelta la espada y queda como petrificado.)
¡Cielos!... ¡Dios mio!... ¡Santa madre de los Ángeles!... Mis manos tintas en sangre... ¡¡¡en sangre de Vargas!!!
D. Alfonso.
¡Confesion! ¡confesion!... Conozco mi crímen y me arrepiento... Salvad mi alma, vos que sois ministro del Señor...
D. Álvaro.
(Aterrado.) ¡No, yo no soy más que un réprobo, presa infeliz del demonio! Mis palabras sacrílegas aumentarian vuestra condenacion. Estoy manchado de sangre, estoy irregular... Pedid á Dios misericordia... Y... esperad... cerca vive un santo penitente... podrá absolveros... Pero está prohibido acercarse á su mansion... Qué importa: yo que he roto todos los vínculos, que he hollado todas las obligaciones...
D. Alfonso.