¡Ah! por caridad, por caridad...

D. Álvaro.

Sí, voy á llamarlo... al punto...

D. Alfonso.

Apresuraos, Padre... ¡Dios mio!

(Don Álvaro corre á la ermita y golpea la puerta.)

Leonor.

(Dentro.) ¿Quién se atreve á llamar á esta puerta? Respetad este asilo.

D. Álvaro.

Hermano, es necesario salvar un alma, socorrer á un moribundo; venid á darle el auxilio espiritual.