ESCENA X.
Los mismos y Doña Leonor, vestida con un saco, y esparcidos los cabellos, pálida y desfigurada, aparece á la puerta de la gruta, y se oyen repicar á lo lejos las campanas del convento.
Leonor.
Huid, temerario; temed la ira del cielo.
D. Álvaro.
(Retrocediendo horrorizado por la montaña abajo.) ¡Una mujer!... ¡Cielos!... ¡Qué acento!... ¡Es un espectro!... Imágen adorada... ¡Leonor! ¡Leonor!
D. Alfonso.
(Como queriéndose incorporar.) ¡Leonor!... ¿Qué escucho? ¡Mi hermana!
Leonor.
(Corriendo detrás de Don Álvaro.) ¡Dios mio! ¿Es Don Álvaro?... Conozco su voz... Él es... ¡Don Álvaro!