detente... ¡Ay Dios!... ¿no fuera,

Don Álvaro, mejor?...

D. Álvaro.

¿Qué, encanto mio?...

¿Por qué tiempo perder?... La jaca torda,

la que, cual dices tú, los campos borda,

la que tanto te agrada

por su obediencia y brío,

para tí está, mi dueño, enjaezada,

para Curra el obero.