en seguirte hasta el fin del ancho mundo.
Vamos, resuelta estoy, fijé mi suerte;
separarnos podrá solo la muerte.
(Van hácia el balcon, cuando de repente se oye ruido, ladridos, y abrir y cerrar puertas.)
Leonor.
¡Dios mio! ¿Qué ruido es este? ¡¡¡Don Álvaro!!!
Curra.
Parece que han abierto la puerta del patio... y la de la escalera...
Leonor.
¿Se habrá puesto malo mi padre?...