Curra.

¡Qué!, no señora, el ruido viene de otra parte.

Leonor.

¿Habrá llegado alguno de mis hermanos?

D. Álvaro.

Vamos, vamos, Leonor, no perdamos ni un instante.

(Vuelven hácia el balcon, y de repente se ve por él el resplandor de hachones de viento, y se oye galopar caballos.)

Leonor.

Somos perdidos... Estamos descubiertos... imposible es la fuga.

D. Álvaro.