—Será bueno venderlas en la ciudad, padre, si es posible,—dijo la niña.
El viejo se fue a la ciudad llevando su oro. Quería venderlo, 30 pero le dijeron que eran monedas de oro y que con ellas podía comprar muchas cosas. Él compró comida y vestidos para su familia y volvió muy contento a casa.
Al cabo de los ocho días, tomó el viejo su hacha y su burro y se fue al bosque. Dió algunos golpes al tronco del árbol y 35 salió el mismo negro.
—¿Qué contestación me traes?—le dijo éste.
—Mi hija consiente en casarse contigo—le dijo.
—Bien—dijo el negro;—pero hay una condición y es que las bodas se celebren a oscuras y que ella nunca trate de verme, 40 mientras yo no lo diga.
El viejo le dijo que así sería.
—Carga tu burro con todo el oro que quieras—dijo el negro—y compra todo lo que creas necesario para las bodas. Me casaré con tu hija en ocho días desde hoy. 45
El viejo cargó su burro de oro otra vez y volvió a casa. La hija salió a encontrarle. Él le dijo todo y ella consintió en todo lo que su novio quería.