Al cabo de los ocho días se celebraron las bodas a oscuras. La niña vivió muy feliz. El novio salía muy temprano cada 50 mañana y volvía por la noche.

Un día vino una vecina vieja a visitarla. Le preguntó si era feliz en su matrimonio. Ella le dijo que era muy feliz y que estaba muy contenta. Después le preguntó la vieja como era su marido, si era joven o viejo, feo o hermoso. Ella dijo que 55 no sabía porque nunca le había visto.

—¡Cómo!—dijo la vieja.—¿Te has casado y no conoces a tu marido? Esto no es posible.

—Sí—dijo ella;—pues así lo pedía antes de casarse.

—Niña—dijo la vieja.—¿cómo sabes si tu marido es un 60 perro o si es Satanás? Es necesario verle. Toma este fósforo; cuando tu marido duerma, enciende el fósforo, y le verás.

La niña lo hizo así. Cuando llegó la media noche, encendió el fósforo y miró a su marido. Vio que era muy hermoso. 65 Olvidó el fósforo y un pedazo cayó en la cara de su marido. Entonces él despertó y dijo:

—¡Ingrata, no has tenido palabra! Has de saber que soy un príncipe encantado. Yo soy el príncipe Jalma. Estaba a punto de salir de mi encantamiento pero ahora es imposible 70 por mucho tiempo. Si quieres volver a verme, tienes que gastar zapatos de hierro hasta que me encuentres. Tienes que buscarme por toda la tierra.

El príncipe desapareció. La niña empezó a llorar y sintió haber seguido los consejos de la vieja. Cuando vino ésta al 75 día siguiente, dijo a la niña:

—¿Has visto a tu marido?

—Sí—le contestó,—y lo siento muchísimo. Era un príncipe encantado y ahora nunca volveré a verle.