—Véndemela entonces. ¿Qué quieres por ella? 165
—Si me dejas dormir en el cuarto del príncipe, te daré la gallina.
—Bien—dijo ella;—dormirás allí.
Abrieron las siete llaves y la niña entró en el cuarto del príncipe; pero antes echaron algo en el vino del príncipe para 170 hacerle dormir. Así la niña le encontró profundamente dormido. Fué a su cama, le sacudió y le dijo:
—Príncipe, despierta, yo soy tu esposa. He gastado los zapatos de hierro según me has pedido. Ahora te he encontrado; pero si no me reconoces te casarán con otra. 175
Pero él no despertó y al día siguiente la sacaron de allí y ella se fue otra vez al jardín. Sacó su peine de oro y se peinó. Salió la hija de la bruja y lo compró bajo las mismas condiciones; pero la misma cosa sucedió con el príncipe. Al tercer día sacó ella la cruz de oro, y la hija de la bruja la compró, 180 pero la niña no podía despertar a su marido.
El cuarto día la niña sacó la taza de oro y la hija de la bruja la compró bajo las mismas condiciones. Pero el príncipe había empezado a sospechar algo y cuando le dieron el vino, no lo bebió. La niña entró en el cuarto y empezó de 185 nuevo sus lamentaciones. Le dijo:
—Si no me reconoces esta noche soy perdida para siempre. No tengo otra cosa con que pagar mi entrada al cuarto. La hija de la bruja tiene la gallina de oro y el trigo de oro y el peine de oro, y la cruz de oro y la taza de oro. Además te casarán 190 con ella mañana.
En este momento despertó el príncipe, le dió un abrazo y le dijo:
—¡Ninguna ha de ser mi esposa sino tú!