—Les aseguro que mis soldados no volverán a invadir sus dominios. 120
—Dicho esto, Aliatar saltó de su caballo, cogió de su brida a Leal y se lo presentó a Gómez de Aguilar.
—Se lo doy a Vd. como recuerdo de que me hizo prisionero.
—Pues le ofrezco mi alazán en cambio,—respondió D. Pedro,—como recuerdo de que también fui prisionero de Vd. 125
Montó en seguida en el hermoso caballo, saltó Aliatar sobre el alazán, hizo a Leal la última caricia, y exclamando,—¡Que Alá los guarde!—se marchó a galope tendido.
Leal permaneció inmóvil, siguiendo con mirada triste a su amo. 130
En vano le acarició su nuevo amo.
¡Bien merecía el nombre de Leal!
Se dice que aquel hermoso caballo murió de tristeza a los pocos días.