—No, papá; han salido unos puercos y se las han comido.

Un individuo que venía a Madrid en diligencia, entró en una posada a las doce del día y preguntó:

—¿Cuánto vale la comida?

—Doce reales.

—¿Y la cena? 45

—Ocho.

—Pues déme Vd. de cenar.

—¿Qué tienes José?

—¡Estoy desesperado!

—¿Por qué? 50