—¡Una pocilga, general!
La generala, colocando delicadamente en el borde del plato un alón y limpiándose los dedos, dijo:
—Es el país de la canción de Mignon; el hermoso país donde florece la naranja.
El gordo Meriskoff, doctor alemán de la Universidad de Bom, canciller de la legión, hombre de aficiones poéticas, y gran comentarista, observó con respeto:
—Generala, el dulce país de Mignon es Italia: «¿Conoces tú la tierra privilegiada donde la naranja da flor?» El divino Goethe se refería a Italia, «Italia mater». Italia será el eterno amor de la humanidad sensible.
—¡Yo prefiero a Francia!—suspiró la esposa del primer secretario, una jovencita pálida de cabello rizado.
—¡Ah, la Francia!—murmuraron algunos comensales, poniendo los ojos en blanco.
El gordo Meriskoff agitó los lentes de oro.
—Francia tiene un pero, que es la cuestión social.
—¡Oh, la cuestión social!—murmuró sombríamente Camilloff.