—Sí.

—Creo que va a llorar.

—Está loco—pensó el barón.

El duque añadió sin cambiar de tono:

—Me figuro que Germana ha muerto y que Honorina se alegra de ello. Encuentro eso horrible y así se lo he dicho a ella misma.

—¡Germana! ¡Vamos, pobre amigo mío, piense usted en lo que dice! ¡Germana! ¿Ha muerto la señora de Villanera?

—La señora de Villanera es Honorina. Va a casarse con el conde. Tome usted, aquí tengo la carta. Pero, ¿qué piensa usted de la conducta de Honorina?

El barón leyó de una ojeada la carta del doctor.

—¿Hace mucho que sabe usted eso?—preguntó.

—Desde esta mañana, cuando iba a casa de Honorina.