Edmundo de Amicis, el sutil analizador de alma rebosante de delicadeza y de ternura, no podía menos de hundir su escalpelo en el corazón del niño, el ser más tierno, más delicado.

Pintor en cuya admirable paleta los tonos suaves dominaban, no podía menos de mojar sus pinceles en los sentimientos del niño, rica gama de colores débiles, del tinte que toman las nubes cuando cae la tarde y vagamente se esfuman en copos en el cielo azul.

Poeta enamorado de la gracia, soñador infatigable de lo bello no podía menos de cantar al niño, vida en botón que encarna la gracia más fina, la más pura belleza.

Por eso su espíritu de artista excelso, vibró al escribir el libro “Corazón”, como vibran las cuerdas de la lira del poeta al soplo de un ideal soñado que se encuentra, como tiembla el pincel en las manos del pintor, que ve en un Crepúsculo, nacer al beso mágico de un rayo de Sol, la tonalidad que buscaba para el fondo de un cuadro imaginado; por eso las páginas del libro que escribiera sobre el niño, florecieron pletóricas de vida, impregnadas de un perfume de verdad, como que, a la manera de una nube que se deshace en lluvia para fecundar un campo estéril, Amicis había vertido el raudal de sentimiento y de ternura de su alma, para que brotara la imagen de los niños de las páginas de “Corazón”.


¿Decir en dónde está la belleza de “Cuore”? Imposible. No es “Corazón” de esos libros.

Por la multiplicidad de las impresiones que causa, por la variedad de encantos que encierra, el estado psíquico a que conduce, sólo puede compararse a esa sensación de hondo goce, de plena felicidad, que viene tras la contemplación de un paisaje inmenso y bello. No se podría decir qué contornos han impresionado más hondamente nuestra vista; qué líneas, qué combinaciones de sombras han producido la emoción estética: ha sido el todo, el conjunto, la armonía de detalles.

Amicis impresiona así con su obra. Y no es con la imaginación con lo que lo ha logrado; la imaginación, gran pájaro de vuelo poderoso, puede alcanzar alturas que dejen absorto; la obra de Amicis está formada de hechos. Es un libro que hace sentir más bien que soñar, que inclina a meditar y a cerrar de repente la obra para seguir, sin leerlo, un pasaje; es un libro vivido ya; pero que no obstante fascina y parece siempre original, tan cierto es que lo más viejo se torna nuevo si se presenta bajo una forma bella.

¿Buscar cuál es la figura principal en “Corazón”, de Amicis? Inútil. En “Corazón” no hay una “figura principal”.

No hay un “carácter”, una mentalidad que descuelle; puede decirse que es de esas obras que están formadas de detalles, detalles que, como pinceladas puestas al parecer al acaso, trazan con admirable precisión de contornos las más variadas figuras.