Mientras que Zambo se cansaba de dormir, y mi mujer y Marta preparaban la mesa y servían el almuerzo, púseme á leer el Paris-Telegraphe, enorme y barato diario que llevaba por lema estas palabras estúpidas: The world is governed too much: el mundo está demasiado gobernado. El tono grosero de esta hoja me desagradó. ¡A Dios gracias!—á nosotros nos dan mejor educacion.—No es á nosotros, á quienes un gobierno protector del buen gusto, dejaria tomar la odiosa costumbre de llamar: un chat, un chat, et Rollet un fripon.
¿Quién creeria, por ejemplo, que el Paris-Telegraphe se atreviera á herir con el epíteto de ladron y hasta de asesino á un millonario honrado que, por un error, escusable sin duda, habia suministrado al ejército del Norte unos sesenta mil pares de calzado, cuyas suelas eran de carton y habian resistido mal á la humedad de los vivacs? ¡Y haga uno negocios en un pais, donde se respetan tan poco las grandes especulaciones!
Todo el diario estaba escrito en ese tono deplorable. Nada escapaba á las invectivas de aquel folletinista insolente, de aquel gacetero miserable. Tal ley era abominable porque trababa la libre accion de los ciudadanos; tal majistrado era un Jeffries ó un Laubardemont, porque hacia caer en un lazo inocente al pícaro que se fiaba en la justicia; tal municipal era un Verrés ó un nécio, porque concedia á accionistas bien entendidos un monopolio ventajoso para todo el mundo, como son siempre todos los monopolios. Tomaos la molestia de gobernar á los hombres, para recibir diariamente semejantes vejaciones.
Pamfletista desgraciado, me dije yo, si hubieses tenido el honor de vivir en el pueblo mas amable y mas ilustrado de la tierra, sabrias desde que naciste, que criticar la ley, el juez ó el funcionario, es crímen de lesa-majestad social. La infalibilidad de las autoridades, es el primer dogma de un pueblo civilizado. Maldito sea el inventor del diario, y sobre todo, del diario libre y barato! La prensa es como el gas; una luz que os quema la vista, al mismo tiempo que os envenena.
—¿Porqué no se sirve el almuerzo? pregunté bruscamente á mi mujer, con el objeto de disipar estas ideas desagradables—¿En dónde están los niños? ¿Porqué no bajan?
—Han salido, amigo mio, y no tardarán en volver. Enrique pronuncia esta noche su primer discurso en la Academia de los jóvenes lectores; y ha querido asegurarse de la sonoridad de la sala, antes de hablar en público.
—¿Sobre qué tema perorará esta noche nuestro Ciceron de diez y seis años?
—Hé aquí un borrador, dijo Jenny, pasándome con el orgullo de una madre un papel lleno de palabras sub-rayadas, de interjecciones, de pausas y de esclamaciones.
El título, escrito en grandes caractéres, me pareció mas respetable que claro.