—Siempre festivo doctor, dijo el bello pastor. Estais en la escuela primaria de la duodécima circunscripcion, barrio tercero. Tenemos ochenta casas de esta especie en nuestra buena ciudad de Paris y no es bastante.

—Muy bien; pero cómo puede el hijo del pobre proveer á los gastos de esta enseñanza costosa?

—De dónde venís? esclamó Naaman. No sabeis que la educacion es gratuita? No habeis nunca mirado vuestra cuota de impuestos? Nosotros somos los hijos de esos puritanos que, á penas desembarcaron en la árida roca de Plymouth, abrieron escuelas para combatir á Satanás,—que es el verdadero nombre de la ignorancia. Lo que hay de diabólico en nosotros,—es la bestia; lo que hay de divino, es el espíritu. La escuela es nuestro amor y nuestra debilidad; asi ella es el mas grueso capítulo de nuestro presupuesto, como la guerra ó la marina es el de los pueblos civilizados. Aquí, en nuestro Massachussetts el gasto de la escuela es poco mas ó menos la cuarta parte de nuestros gastos generales; en el pequeño Estado de Maine, monta á la tercera parte, lo que seria para la Francia un presupuesto de cuatrocientos á quinientos millones.

—Gran Dios! dije para mis adentros, si estas jentes no son locos, qué es lo que somos nosotros.—Decidme, señor Naaman, quien vota esos fondos, y como son administradas vuestras escuelas.

—El voto es comunal, respondió; es el conjunto de los habitantes el que fija la cifra del impuesto; es quizá el único gasto que aumenta todos los dias con aplauso de los que lo pagan. Sobre este punto no hay partido en América; todas las comuniones, todas las opiniones rivalizan para hacer de nuestras escuelas el establecimiento mas rico y mejor dotado del pais.

—Y naturalmente, dije, cada comunion quiere dominar en él.

—No, repuso; esto os asombrará quizá, ninguna influencia de Iglesia entra en estos muros. Cada leccion comienza por la Oracion Dominical y una lectura de la Biblia, pero sin ser acompañada de ninguna refleccion. La enseñanza es cristiana por el espíritu de nuestros maestros; no es católica ni protestante. Damos aquí á nuestros hijos el medio de buscar la verdad, les armamos contra la ignorancia, les preparamos á combatir el buen combate; en cuanto á la enseñanza dogmática, está reservada á la iglesia y á las escuelas del domingo. Así es como evitamos el perturbar esas jóvenes conciencias, y no obstante como habituamos á nuestros hijos á considerarse todos como hermanos en Jesu-Cristo.

—Bien; pero quién os responde de los maestros?

—El Directorio de educacion, dijo Naaman; directorio elejido libremente por todos los ciudadanos del mismo comun, y que tiene sobre él el directorio central del Estado. Esas asambleas reunen los hombres mas considerables del pais. Es una gloria ser llamado á vijilar la educacion; nuestros mejores ciudadanos, los Horacio Mann, los Bernard, han rehusado un puesto en el Senado Federal por permanecer de directores de nuestras escuelas en Massachussetts y en Connecticut.

—Es posible? esclamé.