pero no tenemos ni esa gracia, ni esa elegancia, ni esa bravura. Al veros, no parece sino que el combate es una fiesta y el peligro un placer. Capaz seríais de darle gana de morir al que menos lo deseara.

El redoble de los tambores ahogó mi contestacion; Humbug me abrazó tiernamente llamándome en latin la mitad de su alma; un instante despues habíame separado de mi viejo amigo y para siempre.

La noche estaba hermosa; la luna, que habia salido temprano, iluminaba en lontananza las praderas bordadas de álamos y cortadas por sauces; en el horizonte corria un rio de plateadas olas; habia cierto encanto en dejarse conducir por el caballo y en abandonarse al fantaseo en medio de aquella hermosa campiña. La felicidad del soldado, consiste en gozar de la hora presente sin inquietarse del porvenir. Tiempo hacía que me daba el placer de soñar con los ojos abiertos, cuando dos caballeros se colocaron cerca de mí. Alzé la cabeza, y con gran sorpresa reconocí al sombrío Brown y al amable Truth.

—Qué haceis aquí? esclamé. Qué quiere decir ese gran sombrero, esa levita cruzada y ese sable al lado? Ese no es el traje de un soldado ni el de un pastor.

—Doctor, dijo el puritano, la guerra es una enfermedad cruel; en ella, tanto peligra el alma como el cuerpo; vos cuidais del uno, nosotros cuidamos de la otra; nosotros somos médicos lo mismo que vos.

—Me alegro mucho de teneros por cofrádes, repuse; pero el oficio es rudo. Un cirujano se hace; la ternura, es en él un mal desconocido; para que la mano no tiemble es menester que el corazon calle; pero vos, Truth, ¿cómo resistireis al grito de los heridos y á la desesperacion de los muertos?

Es mi deber, dijo, Dios me dará fuerzas, mientras juzgue que mi servicio es útil ó necesario. Pertenezco al Señor.

La etapa no era larga; á las ocho hicímos alto. El coronel habia querido enseñarnos á marchar; la leccion no fué inútil, el rejimiento tenia el aire de una majada en derrota. Sin embargo, el bravo Saint John felicitó á todos los novicios, habituándolos poco á poco á que le miráran como á un padre y á depositar su confianza en él.

Mayor, me dijo, no ríais. Antes de un mes valdremos tanto como los Prusianos. Cuando un hombre se cree soldado ya lo es á medias; vereis lo que es un ejército de ciudadanos.

Establecimos el vivac en medio del campo, y despues de encender los fogones y de atar los caballos á la estaca, cenamos de buena gana con las provisiones que cada cual habia llevado consigo. Para conscriptos aquella primera comida al aire libre era una fiesta; la guerra no habia enjendrado todavia en ellos ni el deseo del bien estar ni el amor del hogar.