No fué sin dolor que me desembarazé de aquel pobre muchacho. Hícele los raciocinios mas prudentes para probarle que su coraje era ridículo. Cuando se tienen cabellos motosos, no se ha nacido para derrotar sino para ser derrotado. Palabras inútiles! Zambo tenia el ángulo facial demasiado agudo para comprender los grandes descubrimientos de nuestros eruditos. El pobre diablo se creía hombre, cristiano, ciudadano, y tenia la piel negra! Era una locura! Fué menester emplear la amenaza para hacerle entrar, y así lo hizo, pero refunfuñando. Era tiempo de acabar aquella triste comedia, las filas estaban formadas, los tambores batian; partimos.

Mientras estuve cerca de la casa no me atreví á mirar para atras; sentia que las lágrimas iban á arrazar mis ojos, y no queria derramarlas; pero al dar vuelta la calle volvíme; las tres mujeres ajitaban sus pañuelos y nos seguian con la vista. Mi corazon palpitó con fuerza.

—Oh, mi Dios! esclamé, yo te confio todo lo que amo. Lloré por primera vez, oré y me sentí consolado.

A las cuatro estábamos formados en batalla en la plaza de la Municipalidad. Green nos pasó revista, y nos habló de la patria con una emocion que rayó en la elocuencia. Su voz fué cubierta por nuestras aclamaciones. En seguida todo quedó en silencio y cada cual se recojió sobre sí mismo. Yo era el único quizá del rejimiento que estaba ajitado, y cosa estraña! no veia la hora de ir al fuego. En un momento de reposo pasé por delante de mis compañeros riendo, hablando, jesticulando y teniendo una palabra para cada soldado; hacía burla á los que estaban conmovidos, animaba á los que procuraban sonreir, y á todos prometia mi socorro en el momento del peligro; me sentia ya con la fiebre del combate.

Humbug, que se habia reunido á mí en la plaza, me miraba con aire sorprendido.

—Qué hombre sois, doctor, me dijo suspirando. Admiro vuestro buen humor y vuestra alegria. Ayer erais un tímido ciudadano, hoy sois un valiente soldado. Sois Irlandés? Teneis en las venas la sangre?

Non parventis funera Galltæ?

Nosotros los Sajones, llevamos al campo de batalla,

Devota morti pectora liberæ,