Mientras que Truth recitaba esa bella poesía, miré á mi alrededor. Todos los oficiales escuchaban rezando; sus ojos brillaban de entusiasmo y de fé. Las últimas llamas de nuestros fogones próximos á extinguirse iluminaban aquellos nobles rostros, dándoles no sé que brillo misterioso. Creíame en pleno siglo diez y seis y transportado á un campo de Cabezas-Redondas.—Es este, decia para mis adentros, es este el pueblo á que nuestros diarios de Paris niegan todo patriotismo y toda relijion! No, la tiranía militar no se establecerá nunca en aquella tierra jenerosa; aquel suelo abierto y fecundado por los puritanos no puede enjendrar sino la libertad.

Terminada la lectura, estreché la mano de Truth, y aprovechando de mi privilejio, inspeccioné todas las compañias buscando á mi hijo y á Alfredo. Hallé á los dos acostados en el suelo, envueltos en sus capotes y hablando en voz baja. De qué hablaban? era escusado preguntarlo; lo sabia.

—Hijos, les dije; cuando uno es soldado es menester contemplar sus fuerzas, y la primer condicion es dormir. Hacedme lugar entre los dos y soñad con los ojos cerrados.

Con lo cual, abrazé tiernamente á mis dos hijos, cerré con cuidado mi capote, me eché sobre la cara la capucha, y me dormí tan tranquilo y con el corazon tan aliviado como si estuviera en mi casa. Cuando el hombre se consagra á la patria, cuando le es permitido sacrificarse por lo que ama, la fatiga es dulce y hasta el peligro tiene atractivos.


CAPITULO XXIX.
Un viaje de placer.

En medio de mi apasible sueño, tuve una vision. Un hombre, ó mejor dicho un fantasma, de mirada burlona, y frente arrugada estaba acostado sobre mí y me ahogaba. Reconocí á Jonatás Dream; solo él tenia aquella mirada terrible.

—Eh bien, doctor, dijo con voz chocarrera, la prueba está hecha; supongo que ahora no dudareis del magnetismo y sus milagros, puesto que en ocho dias os habeis vuelto Yankee.

—Sí, sí murmuré; y estoy orgulloso de ello. Tengo mujer é hijos segun mi corazon; tengo una patria que amar, una libertad que servir y defender, soy dueño de mi vida, creo en el Evanjelio y soy feliz; si esto es un sueño, por piedad, no me desperteis.