—Bien, respondió friamente el periodista; eso corresponde á mi socio.

Tocó la campanilla. Una puertecita se abrió dando paso, no sin trabajo, á un hombron, á quien su cuerpo enorme, su cabeza calva, sus grandes orejas y sus dientes delanteros, daban el aspecto de un elefante vestido.

—Buenos dias, doctor Smith, esclamó reventando de risa, buenos dias, os reconozco por vuestro brazo en cabrestillo. ¿Qué decís de mi tablero de ayer, querido Cincinato? ¿No valía el de hoy? Truth, los cuatro asnos están vendidos; Ginocchio nos escribe que suprimamos el aviso. Buenos dias, Fox, sois tan delgado que os tomaba por la sombra del doctor. Vosotros los SOLLICITORS, teneis la conciencia tan tierna que los escrúpulos os enflaquecen. ¿Qué nos traeis?

—Hé aquí de lo que se trata, dijo Fox, mediocremente lisonjeado por los agasajos de M. Humbug. La casa Little hace un pequeño empréstito mejicano; diez millones para comenzar. Las acciones son de doscientos dollars cada una, emitidas á ciento sesenta y reembolsables á la par por sorteo anual. Diez por ciento de interés y veinte por ciento de beneficio sobre el capital; es un lindo negocio!

—Para Little, dijo Humbug riendo. Y necesitais anuncios: Mundus vult decipi, ergo decipiatur.[18] Estad tranquilo Fox, os daremos un bonito lugarcito en el diario. Entre los unguentos de Holloway y las píldoras de Morrison, vuestro empréstito mejicano será una maravilla.

—Venia para arreglar con vosotros el precio, dijo Fox.

—¿Y sois vos quien pedís la tarifa de los avisos? Un centavo[19] por palabra, un dollar por cien palabras; en este bosque comun, se charla á precio fijo, lo sabeis bien....

—Perdon, querido Humbug, respondió Fox guiñando el ojo, me habeis comprendido mal. Cuando hablaba del precio, no era en la tarifa en lo que pensaba. Little desearia que el proyecto de esta suscripcion útil y patriótica fuera insertado en el cuerpo del diario, á fin de que no tuviese aspecto de aviso. Pagaremos lo que sea necesario. ¿Me comprendeis?

—Lo temo, maese zorro, respondió el hombre sin dejar de reir. Pero como dice el viejo Plauto:

Stultitía est venatum ducere invictos canes.[20]