Os habeis levantado demasiado tarde mi buen Fox. De este lado del agua no se coje á los zonzos en un lazo tan grande; eso está bueno para los inocentes del otro mundo. Por lo demás, desde que no se trata ya de los avisos, dirijios á mi socio. ¿Habeis comprendido lo que se nos pide, mi querido amigo?
—Perfectamente, respondió Truth con voz acentuada. M. Little tiene necesidad de mi honor para colocar su empréstito; y me hace preguntar á qué precio me vendo.
—Truth, querido mio, tomais mal las cosas, dijo Fox en tono insidioso: sois mas puritano que los peregrinos de Plymouth. No os pedimos mas que lo que otros diarios nos han prometido; el Lince, el Sol, la Tribuna, recomendarán nuestro empréstito; así lo espero, al menos: estamos en trato.
—Puesto que teneis esos diarios, dijo Truth, por qué habeis venido? ¿Que necesidad teneis de mí?
—Por una razon muy sencilla, mi excelente amigo, dijo Fox con voz almibarada. En la Bolsa, no se tiene confianza mas que en el París-Telegraphe; es muy natural que tratemos de ponerlo de nuestra parte. Haremos cuanto sacrificio sea necesario para conseguirlo.
—Señor Fox, esclamó el periodista pálido de emocion, aquella es la puerta.
—Soy vuestro servidor, señor Truth, dijo el procurador desapareciendo.
—No soy el vuestro, respondió mi cliente. Mañana sabré lo que es ese empréstito y lo diré.
—Mi querido señor, le dije con la autoridad de mi profesion: agravareis vuestra enfermedad, no corrijireis á nadie y os hareis de enemigos mortales.