—Lo habeis dicho, respetable doctor, replicó Humbug; somos la policia y algo mas todavia: somos la conciencia pública. Somos nosotros los que damos el honor y la fortuna: Honestus rumor alterum patrimonium est[24].
Abrid los ojos cuanto querrais si os agrada, y gritad á voz en cuello si eso os divierte. Pero, si hablais seriamente, en verdad que os han cambiado en la cuna, no sois un Americano.
—Tú no sabes, me dije, tú no sabes, ignorante, cuanta razon tienes. No sabes hasta que punto desprecio á un Don Quijote bastante loco para tomar á pecho el interés de otro, el interés del primer desconocido, y eso sin mision y sin honorarios. ¡Hé ahí lo que es un pais sin funcionarios! Es necesario que todos se ocupen hasta de sus propios negocios. ¡Eso es ridículo! En Francia, una administracion intelijente y compacta me libra de todo jénero de cuidados: soy rey: se me sirve: gozo en paz de una prosperidad y de una grandeza que no me cuestan sino mi dinero. Es el triunfo de la civilizacion, ó yo no entiendo jota.
—Hé aquí la Bolsa, dijo al entrar un jóven hipando por haber corrido.
—¿Nada de nuevo?—preguntó Humbug.
—Nada, sinó el empréstito mejicano.
—¿Qué dicen de él? Eujenio, dijo Truth.
—Fiasco completo, es una fulleria del viejo Little.
—Cómo, una fulleria! dije leyendo el programa de la Bolsa; el empréstito ha subido un dollar sobre el precio de emision.
—Little ha comprado con una mano lo que vendia con la otra, dijo Truth; la broma es vieja y entre nosotros nunca hará fortuna. No somos bastante carneros para eso—Señor Rose, agregó dirijiéndose al recien llegado, hacedme para mañana un artículo sobre este asunto; ved á los ajentes de cambio y decidme toda la verdad.