—Lo que es ridículo, respondió Truth con su flema ordinaria, es que los fracs se crean con derecho para oprimir á las faldas.

—Está bien, repliqué. Verted en esas cabezas locas la embriaguez de la libertad, vereis cuales son las primeras víctimas.

—Doctor, estais lúgubre, dijo Truth; á la menor sacudida que reciben vuestras antiguas preocupaciones, gritais que el mundo se acaba. Las mujeres, querido señor, son la mitad del jénero humano, esta es una verdad profunda que Aristóteles ha comprobado, pero que hace dos mil años nadie ha comprendido, escepto los americanos. Si nuestras mujeres no nos acompañan ni en nuestras esperanzas, ni en nuestros temores, nos harán tomar parte en sus debilidades y en sus caprichos. Necesitamos esposas, hijas y madres que amen la libertad con pasion, á fin de que los maridos, los padres y los hijos no pierdan nunca ese santo amor. Esas costureras os parecen ridículas,—yo las admiro, mientras rio de su anuncio; yo amo las almas jenerosas que tienen fé en la justicia y que defienden su derecho. Esas almas son las que hacen un gran pueblo: en eso consiste la superioridad de nuestro bello pais.

—Acabemos el diario, dijo Humbug; hé aquí los mercados. Algodon, lana, carbon, hierro, harina, granos, puerco, carnero, vaca, heno, cobre, azúcar, café. Nada de particular, sino es en las harinas; las buenas marcas se han vendido á dos por ciento mas que las harinas comunes.

—¿Qué marcas? dijo Truth, tomando el catálago; Colfax, Stevens, Pennington; es necesario subrayar esos nombres, é imprimirlos en grandes caracteres. Reis, doctor, no es esta una cosa insignificante. La responsabilidad individual, es la fuerza y la vida de las repúblicas. Es necesario que todos lleven inscriptos en la frente lo que son y lo que hacen. Ligar á la honradez, la reputacion y la fortuna, unir á la pilleria y la ruina, es el secreto de la moral y del gobierno, es un problema cuya solucion no ha encontrado ningun lejislador, y que, sinembargo, la prensa resuelve todos los dias.

—Bello trozo, apropósito de una barrica de harina!

—Y cuya aplicacion vereis al instante, dijo Humbug; aqui teneis: Mercados de cerdos: veinte barriles averiados, de las marcas de Tomas y de Williams. Subrayar estos dos nombres indignos,—es echarlos del mercado.

—No lo hareis, grité, no teneis derecho para ello.

No contento con ser el gobierno; ¿quereis aun ser la policia?