Con lo que nuestra amazona alcanzó al periodista un papel doblado en cuatro; Humbug leyó en alta voz esta impertinente broma, memorable monumento de la locura y de la perversidad femeninas, en un pais donde hasta las mujeres mismas creen en la libertad.
A LOS PARISIENSES DE MASSACHUSETTS.
Las costureras de trajes.
Para revindicar nuestros derechos desconocidos, para obtener justicia, nos, las costureras de ropa hecha de la ciudad de París (Massachusetts) nos constituimos en liga: dentro de ocho dias nuestros tiranos habrán cedido, no tendremos mas empleo. ¿Quién quiere darnos trabajo? no gustamos quedar con los brazos cruzados; pero estamos resueltas á no trabajar devalde en provecho de gentes que pueden pagar. ¿Quién tiene necesidad de una puntada? Nosotros sabemos hacer sombreros, fracs, budines, masitas, y tortas; sabemos coser, bordar, hacer punto de medias, asar y cocer. Sabemos ordeñar las vacas, hacer manteca y queso, engordar gallinas y cuidar un jardin; sabemos asear la cocina, barrer la sala, hacer las camas, hachar leña, encender fuego, lavar y planchar, y lo que mas, adoramos á los nenes. En una palabra, cada una de nosotros, puede ser una cumplida mujer casera. Por nuestra inteligencia y nuestro injenio preguntad á nuestros antiguos amos. Resolveos pronto señores. ¿Quién quiere ojos negros, frentes hermosas, cabellos crespos ó ondeados, el encanto y la juventud de Hebe, la voz de un serafin, la sonriza de un angel? Viejos gentlemen que necesitais una buena ama de llaves, hermosos jóvenes que buscais una mujer activa y delicada, hablad, el remate está abierto. A la una, á las dos, á las tres: adjudicado. ¿Cuál es el feliz mortal?
Dirijirse al Comité de señoras Costureras.
calle de los Alamos, N.ᵒ 20.
—Muy bien, señoras, dijo Humbug, el anuncio aparecerá esta tarde en el diario, y pondremos en el sumario: Liga de las costureras, para que nadie lo ignore.
—Diciendo esto, hizo un profundo saludo y acompañó hasta la puerta á las costureras, con tanta política como si se tratára de un prefecto.
—¿Es posible, esclamé yo, que en América las mujeres tengan derecho á hacer lo que se les antoja? ¿No es esto un desmentido dado á la esperiencia y al buen sentido? Meetings de costureras, coaliciones de lavanderas, una liga de parteras! La revolucion con frac es odiosa, pero la revolucion con polleras es ridícula.