—Papá, repuso vivamente Susana; puesto que Alfredo lo dice, debe ser verdad.
—Pues entonces, mis queridos amigos, dije á mi vez, es necesario aullar como los lobos. Si nuestros negocios son verdaderamente nuestros negocios, si Paris es nuestro y no del Estado; si votamos y consumimos nosotros mismos nuestro dinero, cosas todas increibles, enormes, contrarias á la esperiencia y al buen sentido, yo cedo á la locura comun! Un Parisiense que no es un estranjero en Paris, un Parisiense que tiene voto en el capítulo municipal, un Parisiense que habla y que se le escucha, es un fénix que no se vé sinó en América. Vamos á votar, y viva Green, intendente de Paris.... en Massachusetts!
—Viva Green! gritó toda la pandilla, dirijiéndose á la tienda del especiero.
—Papá, dijo Susana, abrazadme antes de partir. Sabeis, agregó al oido, que vuestro nombre figura en la lista?
—¿Qué lista, hija mia?
—La lista de los oficiales municipales. En el París Telegraphe un comité de electores os propone, como inspector de calles y de caminos, al lado de M. Humbug á quien quieren nombrar juez de paz. Ved papá; y del bolsillo de su delantal sacó la señorita el diario. Qué pais aquel donde una jóven enamorada lée el diario y se interesa en las elecciones!
Tomé el París Telegraphe; mi nombre escrito en grandes carácteres y acompañado de un elojio conveniente, figuraba en cabeza de la lista. Esto me hizo un efecto singular. Criticar al poder haga lo que haga, es cosa que entiendo, soy Parisiense. Vituperar y rezongar contra nuestros amos, es la única parte de libertad que el mismo gran rey no ha podido quitarnos: es el consuelo y la venganza de nuestro ócio político. Pero, administrar y mandar, obrar en vez de gritar, salir de la oposicion para encontrarla á su frente, y reducirla al silencio á fuerza de celo y de éxito, era para mi una perspectiva desconocida y encantadora; la ambicion comenzaba ya á filtrar en mi corazon. Pensaba que la víspera habia sido severo con Humbug (un diario es una influencia), y que quizá habia hablado demasiado rudamente á Rose y á sus hijos: eran diez electores!.... Asi me apresuré á abrazar á Susana, y, corriendo hácia el boticario entablé con él una conversacion confidencial sobre unas píldoras admirables, inventadas por mí, píldoras destinadas á hacer una revolucion en la práctica, no menos que la fortuna del médico que las ha imajinado y del farmaséutico que las venda. Un extracto concentrado de manzanilla es un remedio heróico que sana en ocho dias la incurable y dolorosa enfermedad de las jentes de ingenio, la dispepsia. Yo aguardaba para la academia de medicina las primicias de este maravilloso descubrimiento; hacia diez años que tenia principiada mi memoria; pero cuando la ambicion nos invade, adios prudencia! La gloria académica dejaba de deslumbrarme; la inspeccion de las calles me abria la carrera política,—era candidato!