España, la invencible soñadora,
que monta rocinantes a deshora,
los toros lidia, viste la mantilla,
ama la jota y al danzón se entrega,
mas cuyo acero no es una hoz que siega,
sino arado que pone la semilla;
X
La patria de la vid y la verbena,
que fía a la guitarra su honda pena,
dominadora de la Argel moruna,
la que las tierras incas civiliza,
hidalgo pueblo, de otros cien nodriza,
única madre que meció mi cuna.
XI
Los claustros de tus Cuevas y tus Prados
noche y día miráronse atestados
de hijos nativos del saber amantes:
hiciste héroes y armaste caballeros,
y aun late en el cantar de mis troveros
la dulcísima lengua de Cervantes.
XII
¡Oh rica fabla espiritual! Simula
cordaje de una cítara que ondula,
--es blanda arcilla y música ese idioma--,
claro choque de perlas y corales,
remedo de los coros celestiales
que de Dios mismo su raigambre toma.
XIII
Si lloro, se unifica con mi llanto,
impregna hasta el kundiman[17] cuando canto,
y es en la liza imprecación y alerta.
Podrán hurtarme mis veneros de oro,
pero al perder tan singular tesoro,
es que habré sido traicionado y muerta.
[Nota 17]: Canto popular filipino.